El linchamiento o el imbécil en la red

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Decía Umberto Eco poco antes de morir (para los que no le conozcan, intelectual italiano, profesor, escritor y filósofo aunque no sé si sirve de mucho explicarlo) lo siguiente:

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.  La Stampa

Hoy me he desayunado con la noticia de que Miquel Iceta, Primer Secretario del PSC está siendo linchado en las redes con una serie de epítetos nada cariñosos, dejémoslo ahí, porque en una entrevista en RAC 1 se le ocurrió decir que no había visto el reportaje de TV3 sobre las cloacas del estado y que había preferido ver una película de James Bond. Pues bien resulta que, por lo visto, era obligatorio verlo, como en los tiempos del NO-DO y una serie de gentes se han lanzado en las redes a verter todo su odio e inquina en el socialista. Gentes que creen, por lo que puedo intuir, que ha de existir el pensamiento único, que si no lo haces estás contra mí, que lo de opinar diferente no tiene cabida en el deseado nuevo estado y que no hace falta tener más de 250 canales porque toca ver lo que hay que ver y si no, eres un traidor. A partir de ahí, como dice Umberto Eco, el airado patriota se lanza indignado y en 140 caracteres vierte toda su indignación ante el distinto… La revolución de las sonrisas decían. Da igual que una persona sea su objetivo, nada importa, es carne de cañón y comienza la carrera a ver quien la dice más gorda o es más imaginativo, es lo mismo si producen dolor, porque seguramente ni se lo plantean, es tanta la razón que tienen y que su víctima merece el castigo, angustia, el desasosiego de verte insultado de manera gratuita por alguien anónimo que, indudablemente se considera superior, que debe ser perfecto y que distingue claramente al bueno del malo. Que suerte tienen… Porque se fijaron mucho en los gustos televisivos y cinematográficos de Miquel Iceta pero le debieron parecer maravillosas las patrióticas preguntas que le hicieron los nada neutrales entrevistadores de RAC1 y que no pasarían un primero de periodismo por sectarios.

Pues yo tampoco lo vi. Ya una vez pedí que me incluyeran en aquel libro que daba la lista de los malos catalanes  ( https://nitantitoasi.com/2016/04/04/ponedme-en-la-lista/) “Perles catalanes”pero no me hicieron caso. Ahora no sé que pasará, igual esto si es motivo de reo de lesa majestad. Y no lo vi porque fio tanto de algunos programas de TV3 como de “El gato al agua”, Intereconomía en general, La Razón o el OK diario. No sé si me explico, que es la manera educada de decir “no sé si me entiendes”.  Y la verdad es que no me enteré que lo hacían, pero si me hubiera enterado no lo hubiera visto porque en estas circunstancias cualquier cosa hecha por “La seva” sobre España ya sabemos por donde puede ir. Y digo claramente si hay delito  al juzgado con quien sea.

Hagamos un ejercicio de imaginación. Tele Madrid, otra que se las trae, monta una con las cloacas de la Generalitat, que no se ofenda nadie, ya sé que lo de la familia Pujol, el 3%, las lotos, Prenafeta, etc, son arroyos que fluyen limpios y puros hacia el mar. Pero imaginémoslo, la maquiavélica mente española nunca descansa ¿Qué hubiera sucedido?

Lo del programa/cadena/pensamiento único no es bueno. Recomiendo el sano ejercicio que hizo Iceta, ahora las teles lo permiten, ver lo que a uno le apetece, y luego si se quiere, ver lo demás cuando venga en gana. Y si no se ve, no pasa nada, la vida sigue, uno se puede morir sin haber leído El Quijote, no es obligatorio y lo de TVE3, de verdad, tampoco. Yo estaba viendo “La doncella” una bonita película coreana…

Y como dice Isabel Coixet, otra que está siendo crucificada y sobre la cual caerá a no tardar el anatema y la prohibición de ver sus películas (me encantó El mapa de los sonidos de Tokio) no soy ni pepero, ni de ciudadanos, ni facha. Soy muchas cosas pero esas no me adornan.

Se está jugando con fuego y se está yendo de las manos, los fanáticos de ambos bandos andan sueltos y tiene las redes para multiplicar su inquina y esto ya no tiene nada que ver con votar o no votar, es otra cosa mucho más peligrosas. Desconfío de esos que hablan de sus convicciones y deseos altruistas sobre la necesidad imperiosa de tener una urna delante, como si no las tuviéramos un par de veces al año últimamente. Lo mismo que desconfío de los que no utilizan ni un sólo argumento lógico sobre democracia y ley y se escudan en el uniformismo ancestral. Pero esto que me ocurre se debe  seguramente de leer demasiado Nietzsche (es un filósofo alemán, no cabe en 140 caracteres)  y aquello de las razones inconfesables que han de beneficiar a unos pocos mientras los demás hacen la faena dura.

No sé como acabará esto pero como soy leído, utilizaré un símil literario,  es una frase del Acto 3, Escena 1, de “Julio César” de William Shakespeare, cuando Marco Antonio después de uno de los más antológicos discursos populistas de la historia grita “«¡Devastación!» y suelta a los perros de la guerra” y a algunos de los del twitter les están saliendo los colmillos.

 

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