La necesaria formación ideológica

siembra_socialismoSon tiempo de crisis en Europa, el giro político que se está produciendo con el auge de los populismos, de la extrema derecha, del euroescepticismo impulsado por un mal entendido nacionalismo que recuerda discursos de años de hierro y que amenaza con volver al puzzle de estados y alianzas que era Europa, la no resolución de una crisis económica que empezó siendo esto para convertirse después en el impulso para la imposición de un modelo neoliberal. Y todo esto en un momento de crisis de la socialdemocracia la debilidad de la cual explica en parte este panorama que no hace dar más que avisos, que lo peor todavía puede estar para llegar.

Es momento de rearme ideológico y de propuestas verdaderamente surgidas del pensamiento socialista y democrático el modelo del cual se diluyó en las que parecían las tranquilas orillas de un mercado domesticado por el estado del bienestar.
La formación tanto ideológica como práctica es fundamental en un partido político del siglo XXI que aspira a gobernar y, por lo tanto, a cambiar la sociedad. Todo el que está en la organización tiene que conocer su raíz ideológica, su naturaleza de continua transformación sin perder lo esencial participando continuamente de esta puesta al día, pensamiento que tiene que ponerse en práctica de forma que se reconozca de donde provienen acciones y decisiones.

Estamos en un momento en que se vuelve a hablar de radicalidad ideológica, de tomar los cielos por asalto, de los que hablan de “nueva política” aunque no se distinga de ninguna práctica ya recorrida, incluso fracasada, de movimientos surgidos de un estado de ánimo o de fenómenos tales como “el fundamentalismo”. Frente a los que se postulan como los nuevos líderes de algo que prometen será maravilloso pero no enseñan nunca, no es momento de relegar nuestro pensamiento y nuestra acción asumiendo la contrargumentación que es “antiguo” o “rancio”. La primera premisa para derrotar al adversario político es que se convenza que no puede ganar, que lo tiene todo perdido en cualquier ámbito, que un estado de ánimo nunca podrá con una ideología transformadora en movimiento con estrategia clara y capacidad táctica. Nosotros no podemos ser víctimas de esta premisa como parece a veces. El rearme y fortalecimiento ideológico, la crítica, la idea de transformación desde unos principios vivos como los socialistas, tiene que llegar a todos y todas los que quieran acercarse al proyecto y a los que participan de él algunos de los cuales creen que ya saben todo lo necesario. Una buena preparación de la militancia implica salir de las agrupaciones, no tener miedo a decir el que somos y a defenderlo contrargumentando lo que la mayoría de las veces no son más que fábulas sin fundamento o construcciones de una ideología que no es la nuestra, la de la derecha, y que se ha mostrado y se muestra muy sólida porque lo es. El socialismo tiene que tener parte de emoción porque estamos hablando del bienestar de la humanidad, de la lucha contra la injusticia y también la necesario homogenización de pensamiento dentro de la heterogeneidad que comporta toda organización. La formación persigue la excelencia tanto de la dirección como de los militantes, no es ninguna fórmula mágica, pero cuanto mejor se es más posibilidades hay de conseguir el objetivo. Una de las razones del nacimiento de las casas del pueblo fue precisamente la necesidad de formación que se ha ido transformando a lo largo del tiempo para conseguir la unidad de acción y la extensión del pensamiento transformador.

Desde el febrero pasado la Escuela Xavier Soto ha empezado una nueva etapa que quiere continuar la línea de estos últimos años y también cubrir las nuevas necesidades formativas de la organización, en definitiva, una escuela de formación y también pensamiento y de opinión, que fortalezca las convicciones y las capacidades. Decía el gran historiador inglés H. Thompson que los socialistas tenían que ocupar un lugar que fuera suyo principalmente sus centros teóricos y prácticos y que describía como “lugares donde nadie trabaje porque le concedan títulos o cátedras, sino para la transformación de la sociedad; lugares donde sea dura la crítica y la autocrítica, pero también de ayuda mutua e intercambio de conocimientos teóricos y prácticos, lugares que prefiguren en cierto modo la sociedad del futuro”

Publicado en “Endavant” nº 250 Junio 2016

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