La de la pescadería, la alcaldesa y el académico

Félix de Azúa es un metepatas. Un metepatas porque las comparaciones siempre son odiosas y si encima son para intentar denigrar a alguien lo único que consigues es la reacción contraria porque el comparado y el comparante salen reforzados, el principio de contradicción se llama. Decir que la alcaldesa de Barcelona debería estar vendiendo pescado es una soberana tontería porque aunque es una forma de expresión que todos hemos utilizado  (quién no ha hecho comparaciones hablando de verduleras y muchas más) alguien al que se le supone cierto grado de formación debe de saber que las palabras las cargas el diablo y que lo que hoy es blanco mañana es negro y, sobre todo, en alguein tan protegida mediáticamente como la alcaldesa de Barcelona, que haga lo que haga, aún cuenta con el beneplácito social y periodístico.

Otro problema es que comparar profesiones siempre es malsonante y despide tufillo clasista así que como recomendación si se quiere faltar a alguien es mejor hacerlo directamente o comparar con amebas o algo así. O hacer como la alcaldesa que llama directamente criminales, cleptómanos, afirma que sólo ella ha defendido los derechos sociales y tantas otras lindezas. He aquí la diferencia, si te comparan salta un montón de personas escandalizadas (no pongo en duda sus razones) pero si te llaman algo directamente no pasa nada, incluso hay quien piensa que te lo mereces.

Y por último las aludidas dependientas de la pescadería, que han servido a la alcaldesa para hacer su campaña quedando en un segundo plano sus curiosas ideas sobre la prostitución, otra jornada de huelga en el metro y alguna que otra lindeza como un código ético donde nada se dice de nepotismo. Porque las utilizadas aquí son las profesionales del mercado, por el estúpido comentario y por alguien que se maneja como nadie en el populismo y que con burdas maniobras como esta crece. La crítica política tiene dos vertientes, dejar hacer al que gobierne y que de explicaciones y hacer los comentarios pertinentes dentro de los límites, todo lo demás acaba beneficiando al criticado.

Pero iba con lo de la pescadería. Esta mañana he ido al mercado y una señora ha preguntado si había pasado por allí la alcaldesa a hacerse la foto. La respuesta de la Puri (porque así se hace llamar) ha sido que a ella le fastidiaría más que la comparación hubiera sido al revés a ver si se creen que cualquiera puede estar en la pescadería. A buen entendedor….

 

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