Umberto Eco

eco Casualmente el pasado 19 de febrero me encontraba en Italia cuando se hizo pública la noticia de la muerte de Umberto Eco.. Ese día habíamos ido a Pompeya como parte del viaje que anualmente realizamos a Roma con mi escuela. Todos los noticiarios abrieron con la noticia y la RAI programó esa misma noche “El nombre de la rosa”, la película inspirada en su primera novela y que él nunca reconoció. Esa noche cuando los chicos iban a salir para ir a cenar les comuniqué la noticia sabiendo que era un nombre extraño para todos, pero debieron de verme afectado, no cómo se puede afectar uno ante la muerte de un ser cercano, sino la de que a partir de ese momento alguien importante faltaba, la sensación de ausencia. Algunos dijeron que lo sentían sin saber porqué pero les era evidente que para mí era importante. Uno preguntó quién era lo único que se me ocurrió decir que si él les hubiera acompañado a Pompeya sus comentarios y el recuerdo de la visita serían seguro un momento inolvidable para ellos, en resumen, un sabio. No se me ocurrió nada más. Porque esa es la idea que tengo de Umberto Eco alguien al que podrías escuchar durante horas y cuya sabiduría era inmensa. He leído algunas de sus novelas, sobre lo que volveré, y sus ensayos me acompañaron durante todos mis estudios, que sigo recomendando como aquel “Como se hace una tesis” imprescindible para realizar cualquier trabajo académico. “Apocalípticos e integrados” “¿Qué es el arte?” “Historia de la belleza” “Historia de la fealdad” y tantas otras referencias y reflexiones sobre el mundo que nos rodea. ¿Y qué decir de su obra de ficción? Me reconozco un admirador de “El nombre de la Rosa” esa novela  homenaje a Sherlock Holmes que nos habla de filosofía, historia, arte, y que encima nos plantea un enigma apasionante sobre un libro que nadie ha leído. Y después “El péndulo de Focault” una obre que siempre he pensado que escribió asustado por el éxito de la primera y deseoso de volver al número de lectores que le correspondían. Y después “La isla del día de antes” y “Baudolino”. Y en todas lo que cabía esperar de un sabio.

Hasta siempre maestro.

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