Va de libros (I)

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Hoy cumpliré mi promesa y escribiré sobre libros. Sobre mi biblioteca personal que, aunque suene pedante, todos llevamos encima, aunque sea uno porque siempre hay un libro que te pertenece y al que perteneces, muchas veces por descubrir.

Soy historiador y escritor, por este orden, cronológico y profesional y entre una cosa y otra reconozco que poco tiempo a leer puedo dedicar en la actualidad, una actividad que me resulta de lo más placentera junto con mis otras dos pasiones, escuchar música, mal llamada clásica, y el cine. Hedonismo dirán algunos…. Pero hoy va de libros y en esta primera parte hablaré de aquellos que me han marcado y porqué. Y en la segunda, hablaré de los míos, que pienso que es bueno que el autor hable de sus criaturas.

Mis recuerdos más tempranos sobre lectura tienen que ver con ratones y patos parlantes (jamás abjuraré de Disney) y un libro de cubiertas viejísimas que al abrirlo desvelaba todo el mundo de Andersen con ilustraciones a toda página. Un libro que primero me leyeron (magnífica y perdida costumbre, leer a los niños… o a quien sea) hasta que fui capaz de hacerlo yo. Después vinieron las “Joyas literarias juveniles” obras clásicas en viñetas y no más allá de quince páginas que descubrían a los grandes clásicos Dickens, Stevenson, Verne… Y coleccionista de Astérix y Tintín.

Y llegó el primer libro. Se llamaba “El mundo perdido de los mayas” de Michael Peissel. Era de arqueología, viajes, antropología,… No sé si habrá tenido algo que ver en que eligiera oficio pero ahí está para lo freudianos. Después hubo otros pero si tengo que escoger uno lo tengo claro desde hace mucho tiempo, “Yo, Claudio” de Robert Graves. La serie de tv fue una revelación y la lectura de la obra un impacto sobre el que vuelvo de vez en cuando releyendo capítulos. Debía tener 15 o 16 años y desde entonces ha habido muchos. “El nombre de la rosa” de Humberto Eco me fascina por lo que se puede llegar a contar en una novela. Después mucho ensayo, la carrera es la carrera, y mucho libro de historia (Che, Allende, Guerra civil, Segunda República,…), la profesión es la profesión. Pero mencionaré algunos de los que quedan en mi memoria y en mi estantería. “El árbol de la ciencia” de Baroja, llano y contundente como pocos, “Imán” de Sender, narrador impagable, Machado, Lorca (“Yerma”) y Hernández. La memorable “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez y los cuentos de Cortázar y también Neruda. Y hablando de cuentos una debilidad, los de Edgard Allan Poe y los de H.P Lovecraft, siempre que puedo vuelvo a ellos. Y algún clásico, soy más de “Lazarillo” que de “Quijote”, más “Iliada” que “Odisea”, las fábulas de “Samaniego” y otros cuentos, los de la Alhambra de Washingthon Irving…

Me dejo muchas obras, leo Marx, “Che” Guevara, Tony Judt, Thompson (historiador inglés) y Hobswamn, otro historiador… Muchas horas, muchas páginas y la frustración de saber que nunca podré leer todo lo que quiero pero nadie me quitará el placer de lo vivido ni las horas recorriendo estanterías de librería, afición que aún practico… Y recordad, leer perjudica seriamente la ignorancia.

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