Beethoven

El titán. Totalmente de acuerdo con quien hizo esta descripción, Revolucionario, obsesivo, apasionado, colérico… Cualquier expresión es buena para describir su obra ya que encontraremos de todo. El músico por excelencia tal y como ha llegado a nosotros en el imaginario colectivo, el hombre que no pudo escuchar más de la mitad de su obra por la sordera, la maldición del músico. Pero lejos de abandonar continuó componiendo para regocijo de la humanidad.

Siempre es buen momento para escuchar a Beethoven no sólo por la grandeza indiscutible de su música sino porque tiene una obra para cada instante, porque son vitales, en definitiva son la plasmación en sonidos de la vida del ser humano. Quizás me he puesto demasiado trascendente pero es la sensación que me transmite. La soledad de las sonatas para piano, versión (Barenboim o Pollini o Zimmerman o Gulda, por citar algunas) de las que yo personalmente recomendaría no sólo las más famosas, inexcusables la 8 “Patética” y la 14 “Quasi una fantasia”, conocida también como “Claro de Luna”, sino también las tres últimas, la 30, 31 y 32 y una debilidad personal, la 21 “Waldstein” una obra cautivadora para mí quizás por ser de las primeras que escuché.

La búsqueda constante en la obra de cámara, sólo con los cuartetos hubiera pasado a la historia en donde paso a paso abre caminos a la música en un desarrollo técnico y personal hasta llegar a la “Gran fuga” final, del que un crítico dijo que era incomprensible como el chino, pero ahí está la esencia de esta obra, la apertura a un nuevo mundo sonoro.

Los conciertos para piano, cinco piezas todas imprescindibles (Barenboim con Klemperer en la dirección o Kissin con Colin Davis) pero si tuviera que escoger lo haría con esa delicia que es el 4, una obra encantadora y vital de principio a fin donde está toda la maestría del genio y donde el piano comienza a actuar como contrario a la orquesta adquiriendo un protagonismo que ya no habría de dejar.

Y, por último, aunque cultivó todo tipo de obras, ese monumento que son las nueva sinfonías que hay que escuchar de tirón. La 1 y la 2 clásicas pero anunciando lo que ha de venir, el homenaje necesario a sus maestros, sobre todo Haydn (escuchar a Leonard Bernstein) la 3 “Heróica” la revolución sinfónica, vibrante, napoleónica si me permite la expresión, altiva (Gustavo Dudamel, Klemperer, Szell) El encananto cautivador de la 4 (Carlos Kleiber,Szell, Abbado) La potencia arrolladora y visionaria de la 5 (Karajan, Furtwangler) Esa joya de lo que hoy llamaríamos ecologismo que es la 6 “Pastoral” homenaje a la naturaleza entorno vital del ser humano (Karl Böhm, Celibidache) La irresistible 7, un derroche de música (siempre Carlos Kleiber y si se puede verle dirigiendo al Concertgebouw de Amsterdam, mejor) La alegría que represnta la 8 (Szell, Furtwangler) y, por último ese canto universal una de las obras de arte que enaltece la especie humana que es la 9 (Furtwangler en la versión de reapertura del festival de Bayreuth después de la 2ª Guerra Mundial, 1951, un testimonio único de hasta donde puede llegar la interpretación musical de otro genio como el director alemán).

En resumen, no perdamos la posibilidad de escuchar aunque sea una de ellas: engancha.

Proximamente: Isaac Albéniz

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