El Confidencial. Protesta por la libertad de Pablo Hasél, en Barcelona. (Reuters)

Decía Cicerón que las tres preguntas que hay que hacerse son ¿con quién compartiré mi vida? ¿a qué me dedicaré? y ¿en qué empresa me empeñaré? Esto viene a colación de lo que está sucediendo estos días fundamentalmente en Barcelona y en otras ciudades de España. A estas alturas, por los centenares de informaciones vertidas, todo el mundo sabe que la chispa de los altercados ha sido el encarcelamiento de Pablo Hasél. Por ese mismo alud de comentarios no me toca ni quiero hablar del personaje ni de la discusión sobre la libertad de expresión ya que considero que nada de lo que está sucediendo tiene que ver con un debate que viene de muy lejos. Desde aquellos “que se escriba, que conste y que perdure” cuando a algún emperador romano o faraón egipcio se le ocurría una curiosa frase, el “nihil obstat” eclesiástico, la censura, hasta llegar a desear musicalmente, o algo así, la muerte de alguien.

Quiero hablar de los acontecimientos en las calles y, por ende, del inevitable uso político y sus posibles consecuencias y todo ello con un elemento común, la juventud.

En primer lugar diré para los que no me conocen que soy profesor de bachillerato en un centro que además tiene Ciclos Formativos tanto de grado medio como superior. Con esto quiero decir que conozco chicas y chicos de entre catorce y veinte años y, que por mis tres décadas de profesión no bajan de los cinco mil. Un centro de Nou Barris, el lugar de Barcelona con menos titulados superiores y más abandono escolar antes de comenzar la postobligatoria. Sirva esta pequeña introducción como datos empíricos para indicar que sé de lo que hablo y que no voy a pontificar desde una tribuna.

Comenzaré por lo escuchado estos días desde diferentes ámbitos incluido el político, una mezcla explosiva del momento, vamos a llamarle delicado, en Cataluña y el populismo incapaz de condenar lo que es más que evidente, que la violencia es ajena a todo comportamiento racional e injustificable desde todos los puntos de vista en un régimen que tiene decenas de cauces para trasladar las demandas sin cortapisa de ningún tipo (hasta comer helado todos los días dijeron algunos en su día). Resulta del todo inquietante el silencio de los que dicen hay un conflicto, “quasi metafísico”, en Cataluña y son incapaces de detener el que tienen físicamente en la calle y del que, curiosamente, no hacen bandera, aunque es evidente la similitud, salvo el ataque la comisaría de Laietana, con lo acontecido tras la sentencia del “procés”. Un silencio por intereses políticos ya que necesitan la aquiescencia de los que dice que las calles serán siempre suyas para formar el gobierno de los del “lo volveremos a hacer” llegando incluso a cuestionar a parte de los funcionarios que reciben en la calle todo tipo de ataques. Y, por supuesto, no ya el silencio, sino el balbuceo de un populismo que se dice de izquierdas y cuya confusión mental es total y absoluta incapaces de separarse de su condición de artistas de la destrucción y, ni tan siquiera hacer caso de aquello tan leninista y que debería ser propio de su naturaleza “primero conseguir el poder, después mantenerlo”.

Se habla de insatisfacción y frustración de los jóvenes que no ven futuro y trasladan eso a la calle de manera violenta. Sesudos y sesudas analistas esgrimiendo que hay que buscar las causas de esa desazón y paliarlas, eso sí, no dicen como. Lo que queda claro es que en los comentarios se trasluce que hay un aparato estatal que no entiende y es impermeable a las justas demandas de personas que han llegado al límite sin encontrar medio ni interlocutor al otro lado y llenos de idealismo se lanzan a las calles a destruir la aberrante sociedad en que les ha tocado vivir. Ayer mismo escuché a una tertuliana experta en movimientos sociales decir que como las manifestaciones pacíficas no obtienen resultados es lógico que se conviertan en violentas. Además de que, llamémosle así, el argumento es torticero y no resiste análisis ahora resulta que manifestaciones como la que hubo contra la guerra de Irak o, desde un punto de vista que no comparto, las de los 11 de septiembre, no sirven para nada y hubieran resultado útiles si se hubiese atacado alguna institución. Pero volviendo a lo de la insatisfacción… Un excremento. Cuando se trabaja con gente joven en un lugar como Nou Barris, sabes de situaciones muy al límite y el resultado no es quemar contenedores, motocicletas, asaltar tiendas y enfrentarse a la policía. Su problemática no deriva necesariamente en violencia. Pasa por multiplicar esfuerzos, subir por méritos propios en la escala social trabajando mientras se estudia, porque es posible, y los éxitos personales y sociales son notables (datos empíricos), con sacrificio, un digno sacrificio por venir de donde venimos y no hundiendo la vida de la gente destruyendo la terraza del bar, único ingreso actualmente para muchas personas, la moto del repartidor, los cristales de una tienda y la sustracción del género, la aniquilación del mobiliario urbano, el enfrentamiento con los vecinos que ven peligrar su integridad y sus casas. Y en estos tiempos que vivimos, con las limitaciones propias, con las de la pandemia, con un panorama oscuro hay están cada día haciendo lo que tienen que hacer.. No. Eso que está sucediendo no se puede sistematizar en “insatisfacción juvenil” porque la juventud sabe canalizar sus esfuerzos y buscar salidas a su situación, porque hay salida, a veces costosa de conseguir pero me parece que sólo a ese grupo de encapuchados las cosas les salen gratis y más escuchando a alguno que no sabe ni cómo se llama el rapero y que está ahí para divertirse. Lo que tenemos actualmente es mucho mejor que lo de épocas pasadas (educación, salud. servicios sociales,..) que lo que había y, por supuesto, lo que ofrece esta banda, si es que ofrece algo. Y el que no lo vea es un idiota en el sentido socrático de la palabra (idiotes) y el que se quiera aprovechar alguien que no sabe ni quiere saber lo que es la ética más elemental en la que sólo caben dos caminos, obrar por que es lo que hay que hacer (gracias Kant) u obrar rectamente para conseguir un fin último positivo (llámese felicidad, paz, o hasta el cielo en la otra vida si se quiere y confía) Lo que no pasa por ahí es otra cosa. En términos históricos, es idiota el que justifique (aunque no comparta) el orden nazi por el caos de Weimar, o la guerra civil y el franquismo por el caos republicano. Resumiendo. por muy mal, que no fue tanto, que fuesen las cosas lo que vino después fue infinitamente peor ¿o no? Y otra de historia, pensar que todos los que hay en la calle tienen altas miras y defienden derechos i incluso adjudicarle terminología revolucionaria, eso si que es del genero bobo. Ni es 1789, ni 1820, ni 1830, ni 1848, ni 1917, ni nada que se le parezca, fundamentalmente porque faltan dos elementos esenciales, el hambre y la ausencia de mecanismos de bienestar social. Aunque sí se puede detectar algo también histórico, la dialéctica de los puños y las pistolas justificada desde muchos ámbitos amparándola en la comprensión de un fenómeno cuya naturaleza es de entrada errada, no esconde ninguna defensa de nada si no un ataque a algo, o lo que es lo mismo, fascismo. Jóvenes encapuchados que al contrario de los de que yo conozco en abundancia se aburren en su vida regalada ajena a lo que sucede más allá de su individualismo de revolucionario de sofá amante de la pirotecnia que desembocará con los años en un conservadurismo recalcitrante. Estos días he visto dos pintadas dejadas por el paso de la horda, “Guerra de clases” reza una. Indicativo, no saben ni cómo se dice correctamente y, por supuesto no preguntemos lo que significa porque igual se dan un susto. Y la segunda “Decir la verdad no es motivo para ir a la cárcel”, Saben lo que es la “verdad”, no sólo eso, la tienen y absoluta, dogmatismo en estado puro, blanco y en botella, fascismo. La tienen, estos, la chica de camisa azul que acusa a los judíos, los líderes que dicen estar en el lado correcto de la historia, los de creen que negociar es o todo o nada, los de las calles serán siempre nuestras o los que dicen que ya no existen los derechos individuales, sólo los de los pueblos,… La historia no se repite, pero rima, decía Marc Twain, y determinas acciones de movimientos políticos alimentando a la bestia con declaraciones y eslóganes, con irracionalidades manifiestas amparadas por amplificadores de opinión y el mal uso de las redes sociales han hecho eclosionar el huevo de la serpiente.

Volviendo a Cicerón, ¿en qué causa me empañaré? Los de la capucha volverán a su vida regalada o serán pagados y organizados por los del río revuelto mientras que la juventud, como hicimos la gran, inmensa mayoría en aquel momento, se comprometerá libremente con aquello que sea necesario, desde su familia a una causa política o social, desde ópticas diferentes, libremente elegida, sin destrozar la vida de nadie, sin hacer que nadie se sienta amenazado, porque vivimos en un mundo mejor y mejorable en el que hemos recibido el legado inmenso de la humanidad y lo hemos de pasar a las generaciones que vengan. Racionalidad, empatía por toda la humanidad, educación, democracia militante, sin amparar medias tintas, e igualdad de oportunidades es lo que ha hecho que avanzara la humanidad. Y terminaré citando a Kant y lo que decía de ese avance “depende de lo que hagamos”.

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