Cataluña el mito y el logos

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Dicen que las dos mayores revoluciones de la historia fueron la neolítica y la industrial. Una tercera merecería el honor de estar con las dos anteriores la del paso del mito al logos, aquella iniciada en Grecia y que tuvo su punto de mayor eclosión en el siglo XVIII con la Ilustración que dio la bienvenida a la nueva era donde la razón imperaría para la felicidad de todos los seres humanos. Sin embargo, la historia nos advierte una y otra vez de que la cosa no fue ni es tan sencilla. Dos guerras mundiales en el siglo XX y l continua construcción de mitos da idea de que el ideal de los Voltaire, Diderot, Jovellanos, Kant, etc está aún lejos de alcanzar a la humanidad.

Sirva esta introducción un tanto grandilocuente para explicar un pequeños suceso de hoy mismo que me ha hecho venir esto del mito y el logos y, he de decir, me ha producido tristeza más que otra cosa.

La campaña electoral para las autonómicas del 21 D se está desarrollando en Cataluña y a nadie oculto que participo en ella en la medida que puedo dando apoyo a mi grupo político (también tengo equipo de fútbol, películas favoritas, amigos de mayor o menor intensidad, un trabajo que nada tiene que ver con la política y también familia, digo esto para los que piensan que lo de estar en un partido es una anormalidad y más en el socialista) Pues bien, esta mañana se puso la mesa de reparto frente a un mercado de Barcelona y junto a otros compañeros y compañeras nos pusimos a hacer lo que se hace en estos casos, globos, folletos, caramelos, algunas conversaciones con transeúntes otros que te rechazan la propaganda, lo normal. Vaya por delante que nunca se me ha ocurrido acercarme a una mesa de otro partido y mucho menos a increparles ni nada parecido, una muestra de logos pienso yo. En un momento determinado se acercó a a la mesa un hombre de unos 30 años que llevaba un carrito de la compra y dijo que nos felicitaba por el 155, por estar junto al PP, por ser de derechas,.. este último comentario en los militantes de más edad causa un efecto resorte así que traté de templar gaitas y me puse delante de él, invitándole a irse ya que estaba claro que no nos íbamos a poner de acuerdo y que cada uno siguiera su camino. Pero insistí en la felicitación que yo le agradecí con la esperanza de que si no veía confrontación dialéctica decidiera seguir con sus tareas. Pero siguió con todo el imaginario, mi pueblo apaleado por las fuerzas de ocupación, 1000 heridos en los hospitales, la escuela estigmatizada, el gobierno exiliado, presos políticos, los muertos… Y todo esto subiendo el tono mientras la gente que pasaba nos miraba. Finalmente conseguí decirle que no iba a discutir con él que respetaba sus ideas y que un poco más abajo tenía un puesto de ERC donde estaría más cómodo. Así que extendí la mano y la rechazo diciendo que éramos asquerosos. No soy nada violento y creo que es mejor dejar pasar estas cosas así que finalmente se marchó. Antes de proseguir diré que existe un alto número de probabilidades de que los de los demás partidos hayan tenido experiencias similares con unos y con otros. Algo que refuerza lo del mito.

¿Qué hubiera pasado si hubiera imperado la razón y no la mitología en toda esta historia? Y repito la pregunta en presente ¿Dónde está la razón que tendría que atemperar el camino hacia uno de los productos de esta, el ejercicio de la democracia? Y lo de hoy me sugiere más preguntas ¿por qué viene una persona que no me conoce nada y tras soltar una ristra de lugares comunes todos ellos rebatibles me llama asqueroso? ¿Sabe quien soy? ¿Qué soy? Supongo que en su idea tan clara anidaba el mito de la superioridad, además de todos los creados día tras día por los partidarios de la independencia. Porque eso es lo que han creado una mitología, un relato imposible, un mito que ha desbancado al logos y cuyo principal efecto ha sido el más letal, la ruptura de la convivencia. Hoy una persona a la que supongo corriente como yo ha vomitado toda su inquina con un argumentario desmentido hasta por sus propios incitadores. Es difícil pensar que esto tiene fácil arreglo ya que después del día 21 me temo que los fabuladores seguirán trabajando, su público consumiéndolas y la razón, aquello que Umberto Eco o Carlo Cipolla reclamaban frente a la estupidez humana, pues eso enterrada bajo un manto de estupidez revestida de la absurda parafernalia de grandiosidad patriótica y dogmática que encumbra a personajes mediocres que para nada les importa mentir o pegarse una bacanal de mejillones con patatas fritas en Bruselas mientras otros dan la cara. Resultado, alguien que se acerca a alguien y le llama asqueroso.

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