Yo no voté la Constitución

arton420Yo no voté la Constitución. Nací en 1963, el año que mataron a Kennedy (esto es a guisa de información, deformación profesional) Por lo tanto tenía 15 años cuando se votó. Por supuesto tengo recuerdos de aquella época, el asesinato de Carrero, la muerte de Franco, la legalización de los partidos políticos, las elecciones del 77… O lo que es lo mismo, mi conciencia social y política se formó durante la Transición. Y así llego el 82 y contribuí con mi voto a la llegada del PSOE al poder. Tras este breve recorrido histórico político sentimental quiero comentar lo que se está diciendo sobre todo aquello.

Llevo mucho tiempo oyendo que aquello fue un desastre que se cerró en falso. Ni que decir tiene que los procesos y más algo tan inédito como o aquello pueden verse desde diferentes ángulos y siempre se podrá decir algo. No he ocultado nunca mi ideología política y puedo decir que, para mí, la izquierda hizo más sacrificios que la derecha pero no acepto tampoco la lectura maniquea. Recuerdo la sensación que teníamos, un anhelo de libertad, de democracia y también el miedo ante un régimen (aquello sí era un régimen) en descomposición que podía dar (y dio) sus últimos coletazos. Cada avance era un éxito y vivir aquel cambio vertiginoso (en dos años se pasa de una dictadura a votar un parlamento democrático) fueron como diría el maestro Hobswamn, años interesantes.

Y llegó la Constitución. El documento que debía servir para construir un estado democrático que fue aprobado en diciembre de 1978 y que ha servido como vehículo de convivencia hasta hoy en día y en el que se han amparado todos aquellos que hoy la quieren liquidar derribándole o convirtiéndola en dogma de fe.

Los que hablan de régimen y sólo critican mostrando un panorama dantesco, sin proponer nada, por supuesto. Sólo haré un comentario, decir que lo que se instauró en 1978 fue un régimen me parece un insulto no sólo para muchos de los que participaron (luego iré con esto) sino para la Historia, la Política, la Filosofía y todas aquellas ciencias que tengan que ver en el asunto. Si no conociera la formación de los susodichos diría que es fruto de la ignorancia, como no es el caso, es premeditado y eso tiene un nombre.

Los que amparados en la Constitución en vez de construir estado se dedicaron a construir nación utilizando todo lo que han podido para desatarse después y decir que en nada se sienten identificados ni representados en la habitual manera grandilocuente del teatro nacionalista, llamando a la desobediencia desde las instituciones, magnífica demostración de coherencia y del uso partidista e interesado de aquello que les puede beneficiar despreciando por antidemocrático aquello no es más que cumplir la legalidad aceptada por todos. Astucia lo llama su jefe pero también tiene otro nombre.

Los del dogma de fe. Lo inamovible de una herramienta que, por cierto, no votaron y ahora sacralizan para usarla como arma contra la evolución de los tiempos, puertas al campo. Y cómo se les llena la boca hablando de ella cuando no hace tanto escribieron diatribas acusándola de iniciar el camino de la sovietización de España. Eso también tiene otro nombre.

Y, por último. Vuelvo sobre los que contribuyeron a poner en marcha nuestro actual marco de convivencia. Me parece repugnante por parte de los del régimen, los de la nación y los dogmáticos su actitud insultante frente a, por ejemplo, Jordi Solé Tura… Y sólo haré un comentario, en él personalizo a todos aquellos que lo hicieron posible, ciudadanos y ciudadanas, entidades vecinales, asociaciones de barrio, presos políticos, militantes en la clandestinidad ( ahora es muy fácil) periodistas, escritores, cineastas, artistas e intelectuales en general, profesores y profesoras de la universidad… Parece ser que el mismo universo que impuso el régimen del 39… Impresentable.

Pero las ruedas e la historia no se detienen y la Constitución puede y debe ser reformada. La sociedad es un organismo vivo que evoluciona y lo que la regula no puede permanecer estático. Y más que reescribir un papel se trata de recuperar la idea de progreso, de avanzar en la línea de que el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas es lo único importante y que el papel de la política es conseguirlo. Bienvenida sean las reformas necesarias, tan sencillo como mantener aquello que funcione y reformemos aquello que hace 37 años fue necesario poner y hoy hemos superado.

Lo dicho, yo no la voté ¿y qué?

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