«Lo que ha hecho Rubiales a Jennifer Hermoso está muy mal, se ha equivocado en todo, pero…» He aquí la conjunción mágica, «pero». La que prepara la advesativa que argumenta los numerosos atenuantes. Aquí pueden ponerse los que se quieran porque son muchos y muy variados los leidos y escuchados y que tienen una sola dirección exculpar, atenuar, justificar, y, por supuesto, acabar culpabilizando a la jugadora de lo sucedido.
La frase inicial la he escuchado y leido demasiadas veces pronunciada y escrita por gente de todo pelaje incluso buscando rédito político. LLama mucho la atención una primera declaración de Gamarra, después silenciada y la única aportación posterior del PP en forma de tweet por Feijoo que se resume en un nuevo «tuvo un divorcio duro» un «pero» y mezclar erróneamente, qué se puede esperar, un caso que nada tiene que ver. Después el estrepitoso silencio de VOX, quizás porque en la asamblea de la FEF ya sonó su discurso y fue jaleado y saludado por los orangutanes del régimen. Un discurso a lo Corleone incluso repartiendo dinero a carretadas que las chicas han marcado goles pero el cerebro era masculino que para eso es fútbol.
Los días pasan, Rubiales será cesado, inhabilitado o lo que sea. Después vendrá el paso del tiempo y la estrategia del machirulo en su jardín, ya esbozada en su discurso y pactada, no lo duden, con su batería de abogados. Emponzoñar y convertir a la víctima en cómplice o culpable, además de mentirosa, a ver si le acaba de entrar el síndrome de Estocolmo. Y sólo falta que algún obispo se mete en el asunto y es que ya se sabe, el historial es largo, Eva, Jezabel, Salomé, Dalila,…
Impresentable el intento de disculpa al día siguiente, impresentable falsear las declaraciones de Jennifer, impresentable el discurso de macho Alfa perseguido por poderes oscuros. Sin embargo hay cosas que pasaron desapercibidos o así me lo parecieron.
Lo del beso fue lo más escandaloso, pero no hubo jugadora que se librara del extraño entusiasmo del jefe. Repásense las imágenes de la recogida de trofeos.
La llegada al aeropuerto, todas las jugadoras bajando sus maletas, los hombres ni una. La capitana de la selección, Ivana Andrés, baja con la copa, después de posar tiene que subir al avión para recoger su equipaje. Luego todas a la jardinera para ir a la terminal. Más que nada comparese con la llegada de la selección masculina en 2010 o cualquier otro que gane algún torneo.
La crucifixión que ha sufrido Jennifer Hermoso tras exhibir el nombre de un popular local de Ibiza que lleva la palabra beso y colgarlo en Instagram. Los comentarios de los del «pero» no tardaron ni un segundo por la acción de la jugadora. Desde que es increible en una mujer con la cabeza bien amueblada, comentario que implica que otras no la tienen, haga eso. El puede ser espontáneo, para ella todo puede ser utilizado en su contra. Un error comparable al de Rubiales, gritan escandalizados, una provocación, una mofa, porque ya se sabe que Jennifer Hermoso lo que tenían que haber hecho tras los acontecimientos era vestirse de luto, encerrarse en un convento apartándose del hecho de haber ganado un mundial y vivir en silencio para mantener su integridad hasta el momento en que tenga que dar explicaciones, porque es ella las que las tiene que dar ¿o no está claro? El jefe brama sus machirulas razones ante el entusiamo del coro nacional de gruñidores que tiene claro que eso de que las mujeres practiquen deporte sólo lleva al caos y que además el fútbol, como el anuncio de Soberano, es cosa de hombres.
Espero y deseo que esto sirva para algo, al menos para que quede claro que no hay falso feminismo, lo que hay es verdadero machismo.