Carta abierta a Inés Arrimadas

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Sra. Arrimadas

Vaya por delante que me parece deleznable e impresentable que se boicotee cualquier acto político sea del signo que sea.

No soy independentista ni tengo ninguna tentación de serlo. Sí soy profesor de bachillerato en Cataluña, en concreto de Historia y me he sentido directamente interpelado cuando ha dicho que estaba sorprendida de cuanta gente joven la ha insultado en Vic, añadiendo que eso demuestra la tesis de su partido de que en las escuelas catalanas se adoctrina en el odio y que ese es su modelo de éxito.

No se puede generalizar y no lo haré, pero sí puedo afirmar que en mis casi treinta años de profesión no he visto a nadie que se dedicara a adoctrinar y sí a educar, quizás junto la de sanar las dos profesiones, sin despreciar las demás, que todo el mundo nombraría de manera universal como necesarias. Y le aseguro que tampoco nadie ha entrado en mi aula o me han llamado para obligarme a decir algo en lo que no creo.

El verbo odiar es la antítesis del verbo educar. Y la escuela no adoctrina, entre otras cosas porque ya vienen “adoctrinados” de casa. No le negaré que hay ciertas afirmaciones en los libros de texto de historia que como profesional me permito matizar, porque para eso, entre otras cosas, estoy. Y siempre dejando abierta la puerta a otras interpretaciones poniendo de relieve que la ética profesional impide inventarse cosas, como los del Institut Nova Historia, hazmerreir de claustros y profesionales, mentir ni decir verdades a medias, la peor de las mentiras. Y, en el caso, de que alguien se dedique a semejantes cosas y, ciertamente, hemos tenido noticia de alguna, no es un educador, es otra cosa que nada tiene que ver ya que no sabe dejar la ideología colgada en la puerta. Un mal profesional cuya influencia adoctrinadora es como la de todos, no va más allá de la puerta de la clase, porque en cuanto el alumno o la alumna llegase a casa y lo explicara le aseguro que muchos padres se presentarían en la escuela. Además, según la tesis de su partido a estas alturas toda la población catalana debería de pensar igual y resulta que usted ganó unas elecciones, aunque realmente no sabemos para qué.

Mire, supongo que usted señalará la asignatura de Historia como la adoctrinadora porque no sé en que momento de las mates, la biología o la lengua se pueden lanzar mensajes de ese tipo, tener tiempo para convencer y anular la capacidad crítica, porque la tienen, de nuestros alumnos y alumnas. Cosa que con el tiempo que tenemos y lo que nos piden los programas tampoco en mi asignatura estamos muy sobrados de horas. Pues bien, le explicare la función de la Historia en el colegio, al menos la que la experiencia me ha enseñado y que comparto con muchos compañeros y compañeras. Al margen de aprender el devenir de la humanidad, es saber como hemos llegado hasta el momento presente para poder proyectar hacia el futuro formando buenas personas, críticas, ajenas al adoctrinamiento que usted dice que tenemos como objetivo fundamental. Ya ve, todo lo contrario, intentamos darles las defensas y los instrumentos necesarios para no dejarse llevar por predicadores de uno u otro signo que prometen paraísos en la tierra o que son capaces de separar entre buenos y malos de un plumazo. Eso sí, hay mucho intrusismo, todo el mundo habla de historia al margen de saber o no, Con mitos fundacionales, sacralizando líneas de pensamiento únicas. Cómo verá esta última afirmación es ambigua porque vale tanto para ustedes como para su antítesis.

Como profesional de la historia sus declaraciones me han enfadado, como profesional de la educación ofendido y como ciudadano, no de los suyos, estoy perplejo ante lo bajo que ha caído la noble profesión de la política.