Esta semana se cumplen 10 años del movimiento que llenó muchas plazas en España. Un movimiento de indignación como se autodenominó y que quiso poner en la picota a la política, llamémosla, tradicional. El contexto era el de la crisis del 2008 con su feroz receta de recortes y la caída en picado de la imagen del sistema.

Al margen de la simpatía o no por la movida que se organizó estamos hablando de algo que en Historia calificamos de inmediata y, hoy, ya con cierta perspectiva podemos analizar con el sosiego que la profesión requiere y la perspectiva de una década. Un análisis estructural y teórica con elaboración de hipótesis siempre discutible, como todas en ciencias humanas y que sirven para hechos concretos, aunque la comparación de determinados elementos y su conversión en tesis nos podría servir ante futuras situaciones.

Los movimientos espontáneos tienen, a mi parecer, dos características. La primera su propio carácter de inesperados, precisamente por espontáneos y, la segunda su inmediata conversión en causa de algo que contradice su propia esencia. Recordemos el mayo del 68 que, tras una imagen de rebeldía acabó por socavar las bases del estado bienestar reivindicando un individualismo que parecía avanzar en las ideas surgidas de la revolución francesa y que terminó siendo todo lo contrario (salvo algún líder que quedó en la izquierda cuantos de aquellos rebeldes no engrosaron las filas de la derecha). Lo viejo no valía, lo nuevo era revolucionario.

El hecho de ser inesperados pone a prueba el sistema y sobre todo a aquellas organizaciones que están más cerca de ese sentir popular poniendo de manifiesto sus contradicciones y sus limitaciones para conectar con el sentir de los que, teóricamente, son sus votantes y afines.

El 15 M fue un movimiento espontáneo que engendró su propia contradicción. Y esto es opinable. Gramsci habló de ellos diciendo que de no ser controlados, en el sentido de asumir sus ideas o parte de ellas, por una organización, su existencia podía dar lugar a movimientos de todo cuño y condición incluidos, como vivió el pensador italiano, la eclosión del fascismo ¿Significa esto que el 15 M está en el origen de la vuelta de un movimiento de extrema derecha, en concreto, en España? No. Está en la lógica que se produce cuando aparecen este tipo de movimientos, la reacción del contrario (Amanecer Dorado en Grecia, Salvini en Italia, evidentemente VOX en España, amén de su presencia en la mayoría de los parlamentos europeos) Y también está en el análisis el hecho de que en los lugares donde no hubo esos movimientos también ha habido crecimiento de la extrema derecha.

Esta es la contradicción de un movimiento que empezó siendo una grito de protesta que fue colectivo, pero también de interés individual, que los partidos, y en concreto los de izquierda no supieron hacer suyo. Que los que quisieron aprovechar su existencia o reivindicaron su naturaleza como “Podemos” y todos los movimientos surgidos en ese entrono resultaron en sus planteamientos organizativos un remedo de politburó y fuerte liderazgo en cuya naturaleza estaba el pasar al “establishment” en cuanto entrara en las instituciones o, bien condenados a una inmediata desaparición cuando la ola perdiera fuerza.

Lo que sucedió a continuación de los hechos comenzados el 15M fue la victoria por mayoría absoluta del Partido Popular y la aplicación de sus recortes (sin contestación desde las plazas) la aparición de los que querían canalizar la indignación y que tenían como objetivo inmediato superar a la socialdemocracia ocupando su espacio. O lo que es lo mismo, se convirtieron en un partido compitiendo en el terreno de los partidos para conseguir objetivos de partido laminando a al más cercano en el espectro electoral.

Volvamos a las plazas. Los que participaron en todo aquello actuaron cada uno de manera heterogénea y no dudo que con buena voluntad, algunos verdaderamente con ganas de hacer algo nuevo, otros por acercarse a ver que pasaba, los que pasan por allí. Lo que sucedió después ya se ha descrito. La democracia directa algo olvidado incluso por los que la jaleaban desde la participación y la toma de decisiones colectivas y que cuando ocuparon cargos de responsabilidad olvidaron. A algunos les sirvió para descubrir la política y que la cosa no es tan fácil, incluso que hay otros que no piensan como ellos y que lo del buenismo voluntarista tiene sus rincones oscuros. Recuerdo dos anécdotas. La primera cuando unos “indignados” quisieron unirse al homenaje anual a las Brigadas Internacionales en Barcelona y se presentaron con banderas republicanas enarboladas al revés ante la indignación, muy pública y manifiesta, de los presentes, muchos de ellos viejos comunistas. Hubo que explicarles que la franja morada era la superior. Y la segunda cuando en el homenaje anual a Salvador Allende pidieron la palabra y se subieron a la tarima para leer literalmente la wikipedia añadiendo de su cosecha que el presidente chileno había sido un político honrado no como los que había en aquel momento.

Y después una hipótesis que puede parecer conspiranoica. Si el 15 M no hubiera existido la derecha lo hubiera inventado. No estoy diciendo que naciera así, ni que fuera de derechas, estoy diciendo que la derecha sí que cree en la lucha de clases y la va ganando o la ha ganado, no sé. Y, para ello aprovecha todo lo que pueda aprovechar porque ellos no hacen prisioneros. Aquello de la “casta” castigó más a la izquierda que a la derecha porque se volvió a señalar a la socialdemocracia como traidora, algo nada novedoso desde Lenin. Un mensaje, en otro sentido, también lanzado por VOX y cuya raíz puede que también estuviera en las plazas, no presente, sino como antídoto. La estigmatización del sistema es para la gente de izquierdas no para la de derechas.

La izquierda se vio desbordada por la crisis, las citas electorales la castigaron sin piedad una y otra vez. El movimiento espontáneo de nuevo se descontroló sin ser asumido por organizaciones fuertes dando lugar a experimentos que tampoco eran tan nuevos y a sus contrarios. No se trata de buscar culpables, no hay ni bueno ni malo, simplemente las cosas han evolucionado y siguen evolucionando sin más y hay que seguir analizando la realidad. Los partidos basados en aquella indignación se desinflan, la extrema derecha gana posiciones en los parlamentos europeos y amenaza con ocupar puestos de poder, Trump ya no es presidente, Bolsonaro sí pero puede dejar de serlo, Europa ha cambiado la política de recortes por otra de ayudas a la recuperación y en España hay un gobierno de coalción PSOE-Podemos.

Lo dicho, sigamos analizando el presente para hacer historia inmediata y con sosiego y responsabilidad lo sucedido años atrás para encontrar las causas de aquello que empeore la vida de los seres humanos y tratemos de que no vuelva a suceder aunque me temo….

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