Reflexiones sobre el procés

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A estas alturas todo el mundo tiene una posición y una opinión al respecto de lo que está sucediendo en Cataluña así que no sé si esta reflexión personal tendrá mayor o menor influencia, tampoco lo pretendo. Son unas reflexiones desde el pesimismo, lo reconozco. Se lo escuchaba a Saramago cuando lo entrevistaban y pensaba que su actitud era exagerada y que siempre hay que tener un atisbo de esperanza de que las cosas pueden ser diferentes. No es que la haya perdido, pero comprendo cada día más al nobel portugués.

Quiero decir que aún no he discutido con nadie de este tema, ni he roto amistades ni con familiares y espero que después de escribir esto así siga siendo pues lo que digo es fruto de una necesidad de expresión, de dialogar en el sentido kantiano, si no comunicas con los otros no hay saber y espero que si esto da lugar a algún intercambio de opiniones sea desde la razón y no desde la víscera porque nadie me encontrará. “¿Por qué se conserva tan bien?”, preguntaban a aquel, “porque nunca discuto con nadie” y le decían “por eso no será” y respondía “pues no será por eso”.

No quiero comentar hechos, todos están ahí, sino algo más genérico referido a elementos infraestructurales y superestructurales y también cómo creo que se reflejan en actitudes de personas que me merecen todo el respeto, aunque no comulgue con sus ideas y mucho menos con el resultado de ellas.

Soy historiador, lo he dicho muchas veces y formado en el materialismo histórico vinculado tanto a la escuela de Annales francesa como a la británica de Oxford “Past and present” por lo tanto una visión basada en la existencia de la superestructura, la conciencia social, el modo de producción, la hegemonía, la alienación y otros conceptos que alguno puede llamar rancios y que son precisamente los que más creen en ellos. La izquierda sólo cita a Marx, la derecha es la que piensa que tenía razón y lo ha leído. Aunque he de decir también que no me alineo con determinismos económicos y en la convicción de que la reflexión intelectual y la voluntad de las personas así como las casualidades son importantes y, a veces, determinantes en el devenir de la humanidad

Pues bien, viendo y escuchando quiero compartir unas ideas y seguramente resultará largo, pero como lo más probable es que no vuelva a escribir sobre este tema no escatimaré espacio.

El escenario es de crisis, nadie lo niega, una crisis económica y política.

Infraestructura:

Es decir, de la economía. Una profunda, una más, crisis del capitalismo que puso en jaque al sistema más camaleónico de la historia de la humanidad y que liquida el orden social porque ya no concuerda con el nuevo patrón de condiciones económicas existentes. Las llamadas políticas de austeridad, el rescate bancario, la posibilidad real de hacer quebrar un estado, modifica de manera personal y dramática los estatus sociales y económicos adquiridos, asimilados e interiorizados como inamovibles, la idea del progreso generacional se viene abajo. El descenso social es evidente en la mayoría de la población. En Cataluña Artur Mas, de pensamiento neoliberal antes que nacionalista, gana las elecciones y encabezando el gobierno de “los mejores” inicia recortes.

Las manifestaciones y la proliferación de plataformas se suceden sin cesar y así continuamos con el análisis.

Superestructura:

El resultado directo sobre la sociedad es el miedo y la desconfianza en el sistema, la política entra en crisis por las dudas de la ciudadanía sobre ella, así como por la falta de soluciones que en realidad es la necesidad de tener seguridad ante lo que sucede. Los partidos/ideologías forjadas a lo largo del siglo XIX y XX se ven superadas por las circunstancias. El deterioro del modo de producción toca seriamente la vida social, espiritual y política dando lugar a la búsqueda de esa seguridad en otro tipo de propuestas de apariencia novedosa, y con la bandera antiideológica y antipolítica y con una dosis de lo que se llama “populismo”, notoria. “Podemos”, “Comuns”, “Ciudadanos”, o todo lo que implica el “Procés”. Al mismo tiempo que comienzan a proliferar en diferentes países de Europa movimientos de extrema derecha euroescéptica. Se instala en el imaginario popular que estos si que tienen la solución inmediata a las cuestiones que la política tradicional no quiere dar solución ya que así mantendrá sus prevendas. Sin embargo, la solución buscada que se plantea en forma de paraíso por parte de estas organizaciones, para la sociedad se trata de volver al patrón anterior a la crisis, una evidente contradicción. Las coincidencias de estos movimientos son varias, para poder tener éxito han de mantener a la sociedad en perpetuo estado de excitación.  Y un elemento que me resulta especialmente esclarecedor, todas ellas tienen una visión burguesa de la historia: ideas y grandes personajes, muchos de ellos ajenos a la política que aborrecen de ella pero que desean entrar como sea. Todo se mueve en torno a unas pocas cuestiones que devienen fundamentales y vitales para la existencia del grupo, la antipolítica, la corrupción, la independencia y todo ello dirigido por un número determinado de personajes que no tienen más objetivo en la vida que ese y por ello deben ser admirados y justificadas todas sus acciones: Iglesias, Rivera, Colau, Puigdemont, Forcadell … Y, por último, la idea de que la etapa anterior es peor cuando no un error, la Transición, formar parte del estado español, la corrupción como elemento indisociable de los partidos históricos… Y que ellos han venido, no a corregir, sino a superar.

En el caso de Cataluña nos encontramos con una repentina deriva hacia la independencia motivada, en mi opinión, por la rápida y fulminante impopularidad de los recortes de Mas que le lleva a proponer otro tema que casa con la necesidad de alternativa superestructural a la debacle social. Curiosamente uno de los agentes principales del conflicto social ofrece una solución. Solución que, evidentemente, desvía el foco de atención de la necesidad de compaginar modelo económico con bienestar social a la construcción de un nuevo estado que nacerá con todas las virtudes que no se aplican en el modelo autonómico

Hegemonía:

La hegemonía cultural  designa la dominación de la sociedad, que es culturalmente diversa, por la clase dominante, cuya cosmovisión se convierte en la norma cultural aceptada y en la ideología dominadora, válida y universal. La hegemonía justifica el status quo social, político y económico como natural e inevitable y benéfico para todo el mundo y, por lo tanto, ha de ser eterno, en lugar de presentarlo como una construcción social que beneficia únicamente a la clase dominante.

La burguesía catalana que asume el pujolismo, de raíz bancaria y nacionalismo alemán, no lo olvidemos, como escaparate político, es la fuerza hegemónica, una de cuyas ramas maneja el “procés” actuando simbióticamente con uno de los elementos de la sociología catalana, la separación  entre las zonas urbanas de la costa, destino de la inmigración durante décadas que mezclan pragmatismo liberal con acción y pensamiento proletario frente a las áreas rurales fuertemente penetrada por el catolicismo y las ideologías tradicionalistas, fundamentalmente las tradiciones agrarias después reunidas en torno al carlismo y a la metafísica del destino manifiesto.

El aparato hegemónico acelera y hace uso de lo realizado durante años. Entidades dedicadas a la cultura catalana y las entidades de educación y ocio no regladas, así como el aparato mediático de la corporación catalana de radiotelevisión se ponen en marcha en torno a una especie de consigna no pactada pero que se entiende como palabra mágica contra todo y que en imaginario catalán se ha convertido en taumatúrgica: independencia.

¿Por qué? ¿Se puede reducir la explicación a un simple deseo? ¿A la voluntad popular expresada espontáneamente y recogida por un grupo de políticos sensibles como expresan miembros de los partidos independentistas? Demasiado simple, en mi opinión. Existe un “inteligencia” que trata o ha tratado de dirigir el “procés” seguramente con la intención de inaugurar una nueva etapa “Pujol” de tensiones con el estado para conseguir mantener su estatus sin sobresaltos. En esa “inteligencia” hay elementos que han considerado que es posible el objetivo y radicalizan las posiciones llevándolo hacia un maniqueísmo mal calculado. Un maniqueísmo social, a favor, los buenos, en contra, los malos. Y, en el interior del independentismo, lo mismo, nadie puede echar el freno ni buscar otros caminos pues es tachado de traidor. Lo expresado por los partidarios del procés es fruto de la bondad, incluso la desesperación por el triunfo del bien, lo que viene del otro lado es todo interesado  y oscuro y tiene como único objetivo otra idea visceral, el sometimiento de Cataluña sin ninguna razón aparente.

El lenguaje es fundamental para mantener en el tiempo la cuestión. “Derecho a decidir”, construcción lingüística absurda por incompleta y filosóficamente inconsistente si hacemos caso a Russell que decía que la referencia de una expresión es su significado, “procès”, “gobierno legítimo”, “exilio”… Vocabulario que tiene como objetivo santificar una parte al mismo tiempo que se condena a la otra.

La cuestión es como al presentar las cosas de esta manera impide el necesario encuentro para evitar el conflicto. Las declaraciones de los independentistas van en esa línea y a veces la intención reduce su expresión al absurdo. Hechos que no son normales no se pueden revestir de normalidad, una tensión entre dos premisas que parecen lógicamente verdaderas pero que son contradictorias. Afirmaciones que se construyen dogmáticamente, lo cual impide su puesta en duda manteniéndose como mantra, el resultado del 1 de octubre como mandato, las sucesivas propuestas de candidatura, presos políticos o que la huida de empresas es culpa del estado, incluso afirmar que en el nuevo estado sobran las empresas especuladoras. Las que en sí mismo tienen como único sustento de verdad la persona que los pronuncia pues no son fruto de la razón sino de la necesaria alienación, afirmaciones como que el president de la Generalitat no puede ser sometido por ningún juez (por lo tanto sólo es responsable ante Dios y ante la historia), ir de vacaciones a Alemania no es delito, por los dos mossos que acompañaban a Puigdemont, enfrentar el término súbdito al de ciudadano. Sin olvidar las continuas alusiones a lo sentimental, el llanto como elemento político, el abandono de la empresa a la cual se han sacrificado para retornar a la familia, detenciones, por supuesto arbitrarias, delante de los hijos, escenas de besos y lágrimas frente al juzgado acompañadas de mensajes que tratan de subrayar la dignidad y la firme y absoluta convicción de hacer lo correcto de nuevo apoyándose en el propio mensaje y en nada más. Cuestiones cuya deriva puede ser extremadamente peligrosa como afirmar que la voluntad popular está por encima de la ley o justificar la presentación ante la justicia o la huida de igual manera sin encontrar ninguna contradicción ni ningún efecto nocivo sobre el resto. Y, finalmente el silencio, nadie ha explicado el porqué de la laminación de los derechos de la oposición en el Parlament.

Quizás existan, pero me resulta muy difícil encontrar argumento sólido, racionalmente construido y que sean motivo de debate sosegado.

Y Leviatán…

¿Qué tipo de estrategia cree que el estado no se va a defender? Hobbes lo definió con el nombre del monstruo bíblico y desde entonces ha articulado mecanismos para fundamentar y defender los derechos naturales y su propia existencia. Y se ha defendido. Y aquí se da una de las grandes reducciones al absurdo del procés, se acusa de estar al poder judicial politizado y, al mismo tiempo se dice que los políticos no han de estar sujetos a decisiones judiciales y, por último, que el gobierno influya sobre el poder judicial para evitar ser encarcelados con lo cual se hace saltar por los aires la división de poderes, elemento fundamental del estado democrático. Además se apela al gran Leviatán, que no es otro que la UE y si no acepta las premisas es porque es un gran fracaso unión de estados viejos… De nuevo la no argumentación. No hay estado en el mundo que permita una situación como la vivida y salvo una constitución africana, hablo de memoria, ninguna contempla la separación de un territorio. El estado, cualquier estado, es una estructura que sólo admite los cambios que provengan de las normas que se ha dado. Y se rebela y defiende tanto contra los que le atacan desde fuera como los que quieren hacerlo desde dentro. Todo es discutible incluso las leyes que un estado plenamente democrático se da para garantizar los derechos de los ciudadanos, pero no se le puede acusar de defenderse porque estaríamos en otra reducción al absurdo, una más.

La historia, esa gran desconocida tiene suficientes ejemplos de intentos de liquidar estados, desde dentro y desde fuera, de organizaciones que quisieron actuar al margen del poder político representado en los parlamentos, de grupos que aprovechando el momento siembran la destrucción, de paraísos prometidos que pasaban por la liquidación de lo existente. Los años 30 en Europa y también en España fueron ejemplo de ello..

Me disculpo por lo largo del análisis, totalmente discutible y sin ánimo de ofender