La guerra de las dos rosas

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Sabed que allá por la segunda mitad del siglo XV comenzó en Inglaterra una intermitente guerra civil por el trono de entre la casa de Lancaster y la casa de York. El siglo XIX tan romántico e imaginativo la bautizó como la guerra de las dos rosas por los emblemas heráldicos, roja la de los de Lancaster y blanca la de York. Años después la rosa pasó a simbolizar otras cosas, entre ellas el socialismo español… Y hoy ya sabemos como está el tema, la rosa parece estar de nuevo en danza de la guerra.

Sirva esta introducción para describir con imaginación lo que puede suceder en el socialismo español ya que por mucho que se repita la palabra “coser” me parece que esto ya no pasa por ahí y lo que se va a desatar, si no se ha desatado ya, es una guerra, no sólo por el poder interno sino por la supervivencia del socialismo.

El terrible garrotazo dado por un sector del partido amparado por Felipe, encabezado por Susana Díaz y secundado por barones territoriales no ha servido para nada… O sí, para cabrear a la militancia, dejar sin valor los 85 diputados del PSOE, visualizar el apoyo a un partido corrupto sin respeto ninguno al estado de derecho y que, además, este ya sólo no exige la abstención, sino garantías de gobernabilidad con la amenaza cierta de provocar unas terceras elecciones que destrozarían definitivamente al PSOE. Y ese es el mayor logro de los “sublevados”, pasar de una posición sólida, 85 diputados con dos fuerzas emergentes a los lados lo es, con una postura clara que colocaba al PSOE en la izquierda, a ser un partido prácticamente en extinción ya que nos debemos a la “bondad” de Rajoy y sus gentes. Los 137 años parecen el fin del partido más importante de la izquierda española.

Los dos escenarios que hay son o elecciones o abstención, cualquier otro ha sido descartado. El primero destroza al PSOE y el segundo puede servir para salvar los muebles. Y eso sólo sucederá si los diputados socialistas tienen libertad de voto o rompen la disciplina impuesta desde la gestora (cuya autoridad después del 1 de octubre es más que dudosa) Porque sólo si se visualiza que un sector del PSOE sigue siendo de izquierdas y se mantienen firme frente al PP tendremos alguna posibilidad algún día de remontar. Todo lo demás, como abstenerse en bloque, es la extinción.

Pero eso tiene un precio y es una inevitable guerra interna que pasará por unas primarias que unos querrán plantear de manera unilateral, un solo o una sola candidata, y otros como la revancha del 1 de octubre con Pedro Sánchez o quien represente la izquierda del partido. Una guerra entre los que entienden que nos debemos a la razón de estado y al control del partido para garantizar poder institucional y buena relación con el poder económico, la rosa blanca, y los que quieren un partido de izquierda, muchas veces sin más, por ideología y por historia, la rosa roja. El poder del partido frente a la militancia. Mantener las formas y maneras de siempre o algo que, inevitablemente, aboca a una renovación del partido y que debe convertirlo en una organización del siglo XX

La guerra está servida tanto si el PSOE es destrozado en unas elecciones, alguien habrá de asumir responsabilidades, como si una parte del grupo vota que no. Las primarias serán a cara de perro para ir a un congreso en que una de las dos rosas se habrá impuesto definitivamente a la otra.

Las guerras son malas y muchas veces evitables pero esta no lo es. Restañar esto se me antoja imposible. ¿Son de fiar los golpistas del 1 de octubre? ¿Puede girar a la izquierda el partido participando en él los que van a dar el gobierno al PP?

Y volvamos al principio. Tras 30 años de conflicto Enrique Tudor encabezando a los de Lancaster se impuso definitivamente y para terminar de una vez con el tema casó con Isabel de York iniciando el periodo de los Tudor turbulento y grandioso… Pero eso es otra historia, cosa de otros tiempos.