Va de libros (II)

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Hoy voy a hablar de mis libros. Cuatro publicados y espero en un futuro haya más. Para comenzar diré, como no podía ser de otra manera, que me gusta escribir por dos razones, la primera por el mero hecho de escribir, la palabra es la materia del escritor, como lo es la pintura, el sonido, la piedra, el barro. Me gusta trabajar con ella, me gusta darle forma y me gustan las mil variables que pueden surgir de una línea. Y me gusta cómo podemos interpretar cada uno lo leído y poder intercambiar. No concibo alguien dedicado a la escritura que sea un mal o nulo conversador porque, al fin y al cabo, le estás hablando al mundo. Y la segunda razón es fruto de una pequeña frustración. Como muchos sabéis, soy historiador (me gusta repetirlo) y la única manera de explicar historia es aplicar lo que llamo la brocha gorda, sin poder pararse en el detalle que nos desvela puntos de vista y realidades muy distintas o cuando menos matizables, de las que el discurso histórico general nos da a entender. Pienso que la gentes de Roma, de la edad media… no debían ser tan distintos a nosotros a la hora de hablar y comportarse en su vida cotidiana y creo que la novela es la mejor manera de entenderlo (siempre y cuando cumpla unos mínimos requisitos que el buen hacer histórico obliga)

“La Peste negra” es mi primera novela. Una historia como su nombre indica de la epidemia que azotó Europa de 1348 a 1352. Una novela, si se me permite la expresión, muy cinematográfica (de muchos es sabido mi pasión por el cine) y que de alguna manera la convierte en algo muy visual (la mayoría de lectores asó lo afirman) Cosa que, por otra parte, me satisface enormemente. Es la historia de una época vista desde la medicina y el poder religioso y temporal en la que la gran mayoría de personajes son ficticios paseando por una época terrible y real. Y también es una novela de viajes, contrastes culturales y un repaso a la historia.

“La ruta perdida”. Al contrario que la primera todos los personajes son históricos excepto uno. Una historia de historias, de todas aquellas que aportan datos reales pero no encajan en la historia oficial del descubrimiento. El secreto del origen de Colón, sus vinculaciones con el poder, el juego político desatado, la posibilidad de un pre descubrimiento, la pruebas científicas. Y una novela de diálogos y una reflexión sobre el poder y también, como no podía ser de otra manera, una reflexión histórica… Y mucho de aquello que dicen los italianos “E se non e vero, e ben trovato”

“El nieto de los rojos”, mi primera incursión (y espero que no la única) en el mundo del ensayo, con una pequeña novela en el primer y último capítulo. Una reflexión sobre una época que me apasiona, la de la  República española, y que viví en boca de mis abuelos. Una historia oficial salpicada de cosas que ellos me contaron `porque la vivieron e directo y la manera de entender que una cosa es lo que ponen los libros de historia y otra el cómo se vivió en el momento, lo que es el conocimiento a toro pasado y el vivir el momento.

Y “Annual”. Quizás donde más trabajo esa cotidianidad, si se me permite la expresión, de la historia y donde se entrecruzan vidas, visiones, deseos. Personajes reales y ficticios mezclados para explicar de la manera más histórica posible aquel episodio. La historia del mayor desastre militar de la historia de España, apenas conocido y explicado. Una historia de nuestra guerra colonial y de cómo una decisión tomada en las alturas afecta a los que formamos la base y también una historia de heroicidades y cobardía, de decisiones acertadas y erróneas. De nuevo intentando aplicar un ritmo trepidante y cinematográfico cómo no podía ser de otra manera un momento en que la vida cambiaba en cuestión de segundos.

Y espero poder hablar de la quinta en breve. Un saludo

Va de libros (I)

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Hoy cumpliré mi promesa y escribiré sobre libros. Sobre mi biblioteca personal que, aunque suene pedante, todos llevamos encima, aunque sea uno porque siempre hay un libro que te pertenece y al que perteneces, muchas veces por descubrir.

Soy historiador y escritor, por este orden, cronológico y profesional y entre una cosa y otra reconozco que poco tiempo a leer puedo dedicar en la actualidad, una actividad que me resulta de lo más placentera junto con mis otras dos pasiones, escuchar música, mal llamada clásica, y el cine. Hedonismo dirán algunos…. Pero hoy va de libros y en esta primera parte hablaré de aquellos que me han marcado y porqué. Y en la segunda, hablaré de los míos, que pienso que es bueno que el autor hable de sus criaturas.

Mis recuerdos más tempranos sobre lectura tienen que ver con ratones y patos parlantes (jamás abjuraré de Disney) y un libro de cubiertas viejísimas que al abrirlo desvelaba todo el mundo de Andersen con ilustraciones a toda página. Un libro que primero me leyeron (magnífica y perdida costumbre, leer a los niños… o a quien sea) hasta que fui capaz de hacerlo yo. Después vinieron las “Joyas literarias juveniles” obras clásicas en viñetas y no más allá de quince páginas que descubrían a los grandes clásicos Dickens, Stevenson, Verne… Y coleccionista de Astérix y Tintín.

Y llegó el primer libro. Se llamaba “El mundo perdido de los mayas” de Michael Peissel. Era de arqueología, viajes, antropología,… No sé si habrá tenido algo que ver en que eligiera oficio pero ahí está para lo freudianos. Después hubo otros pero si tengo que escoger uno lo tengo claro desde hace mucho tiempo, “Yo, Claudio” de Robert Graves. La serie de tv fue una revelación y la lectura de la obra un impacto sobre el que vuelvo de vez en cuando releyendo capítulos. Debía tener 15 o 16 años y desde entonces ha habido muchos. “El nombre de la rosa” de Humberto Eco me fascina por lo que se puede llegar a contar en una novela. Después mucho ensayo, la carrera es la carrera, y mucho libro de historia (Che, Allende, Guerra civil, Segunda República,…), la profesión es la profesión. Pero mencionaré algunos de los que quedan en mi memoria y en mi estantería. “El árbol de la ciencia” de Baroja, llano y contundente como pocos, “Imán” de Sender, narrador impagable, Machado, Lorca (“Yerma”) y Hernández. La memorable “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez y los cuentos de Cortázar y también Neruda. Y hablando de cuentos una debilidad, los de Edgard Allan Poe y los de H.P Lovecraft, siempre que puedo vuelvo a ellos. Y algún clásico, soy más de “Lazarillo” que de “Quijote”, más “Iliada” que “Odisea”, las fábulas de “Samaniego” y otros cuentos, los de la Alhambra de Washingthon Irving…

Me dejo muchas obras, leo Marx, “Che” Guevara, Tony Judt, Thompson (historiador inglés) y Hobswamn, otro historiador… Muchas horas, muchas páginas y la frustración de saber que nunca podré leer todo lo que quiero pero nadie me quitará el placer de lo vivido ni las horas recorriendo estanterías de librería, afición que aún practico… Y recordad, leer perjudica seriamente la ignorancia.

El mitin

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Me había prometido escribir algo antes de fin de año que no fuera política pero está visto que soy poco creíble. Quería, lo aseguro y lo haré porque será mentalmente higiénico, escribir sobre mis libros  favoritos, mis películas, en fin mis pequeños mitos personales con la esperanza de poder intercambiar experiencias. Pero hoy, día de la lotería ha sido también el día después del mitin de “Podemos” en Barcelona y visto los mensajes y las reacciones de algunos quisiera decir algo. Y lo haré con el total convencimiento de que lo que voy a escribir puede estar equivocado y afirmo ojalá lo esté y no sea más que el fruto del alarmismo. Ya sé que muchos me tildarán de retrogrado, casta y todas esas lindezas que hoy se suelen decir pero me veo en la obligación como historiador de advertir aún cuando, repito,  puedo estar equivocado.

Recomiendo la lectura de un libro “Historia de un alemán” de Sebastián Haffner sobre el ascenso del nazismo (calma las fieras, no estoy acusando a nadie) Allí un pasaje me resultó revelador, dos diputados socialdemócratas ante la presión del partido nazi se declaran tan nacionalistas y socialistas como ellos. Hoy me dicen que acudieron compañeros del PSC al mitin y alguno me dice que vio ilusión y el mismo fervor ante el líder que cuando Felipe González y se preguntan si ha llegado la hora de unirse al carro.

Por si acaso diré antes de comentar lo expuesto que nadie me gana a proponer la regeneración de una organización que lleva 130 años de existencia y que como todo organismo ha de evolucionar, metamorfosearse, o lo que es lo mismo, transformarse manteniendo lo esencial, lo que lo identifica como lo que es: socialista.

Dicho esto en primer lugar decir que la diferencia entre el Felipe del 82 y el Pablo del 14  es muy clara, el uno tenía un partido detrás, una ideología, algo que acabado su periplo político permanecería. Pablo Iglesias es el partido, es su voluntad no su ideología que parece cambiar en función del auditorio. Juega con los sentimientos, como en cualquier mitin de los que llama casta. “La casta española os ha insultado”, esta frase es digna de análisis, el juego del odio y la venganza. No hace mucho puse a mis alumnos de bachillerato un discurso de los años 30, donde se hablaba de traición de los políticos y se hablaba de venganza. Ni un sólo mensaje positivo, ni una sola propuesta. sólo la ambigüedad del que se sabe que con su sola presencia es suficiente para enardecer a una parte de la sociedad desesperada que se agarra a la dirección y guía de una persona al que se le perdonan todas las acciones, todos los renuncios, todas las amenazas (a periodistas que no son de su cuerda) No sé de qué peco pero me da miedo, el  miedo histórico de la comparación, el miedo del que acusa de casta por entre otras cosas tener medios de comunicación a su servicio ( no es el caso del PSOE) pero tiene a su disposición a la sexta y a cuatro amén de prensa como El Periódico, todos del grupo Planeta, conocida corporación de izquierdas. Y me da miedo que la gente se crea que con microcréditos se alquila el Valle Hebrón, las pantallas, el escenario,.. Miedo a las ilusiones de la gente que se pueden ver definitivamente frustradas sin posibilidad de recuperación. Miedo al vacío. Miedo a que Sáenz de Ynestrillas hable y salude alborozado al nuevo José Antonio (no somos ni de izquierdas ni de derechas, ¿recuerdan?) y por último, miedo a ceder delante de algo que simplemente no existe, querer parecerse a lo que no se es.

Pecaré de ortodoxo pero sé lo que soy y sé lo que no quiero ser ni a quién me quiero parecer. Vuelvo a repetir que quisiera equivocarme pero prefiero pecar de precavido y desconfiado que caer en brazos de algo que hace del individualismo, el carisma, el enfrentamiento, la violencia (dialéctica) y la manipulación bandera… Bertold Brecht decía “Y cuando vinieron a por mí ya era tarde”…Y eso tiene un nombre.

 

Yo no voté la Constitución

arton420Yo no voté la Constitución. Nací en 1963, el año que mataron a Kennedy (esto es a guisa de información, deformación profesional) Por lo tanto tenía 15 años cuando se votó. Por supuesto tengo recuerdos de aquella época, el asesinato de Carrero, la muerte de Franco, la legalización de los partidos políticos, las elecciones del 77… O lo que es lo mismo, mi conciencia social y política se formó durante la Transición. Y así llego el 82 y contribuí con mi voto a la llegada del PSOE al poder. Tras este breve recorrido histórico político sentimental quiero comentar lo que se está diciendo sobre todo aquello.

Llevo mucho tiempo oyendo que aquello fue un desastre que se cerró en falso. Ni que decir tiene que los procesos y más algo tan inédito como o aquello pueden verse desde diferentes ángulos y siempre se podrá decir algo. No he ocultado nunca mi ideología política y puedo decir que, para mí, la izquierda hizo más sacrificios que la derecha pero no acepto tampoco la lectura maniquea. Recuerdo la sensación que teníamos, un anhelo de libertad, de democracia y también el miedo ante un régimen (aquello sí era un régimen) en descomposición que podía dar (y dio) sus últimos coletazos. Cada avance era un éxito y vivir aquel cambio vertiginoso (en dos años se pasa de una dictadura a votar un parlamento democrático) fueron como diría el maestro Hobswamn, años interesantes.

Y llegó la Constitución. El documento que debía servir para construir un estado democrático que fue aprobado en diciembre de 1978 y que ha servido como vehículo de convivencia hasta hoy en día y en el que se han amparado todos aquellos que hoy la quieren liquidar derribándole o convirtiéndola en dogma de fe.

Los que hablan de régimen y sólo critican mostrando un panorama dantesco, sin proponer nada, por supuesto. Sólo haré un comentario, decir que lo que se instauró en 1978 fue un régimen me parece un insulto no sólo para muchos de los que participaron (luego iré con esto) sino para la Historia, la Política, la Filosofía y todas aquellas ciencias que tengan que ver en el asunto. Si no conociera la formación de los susodichos diría que es fruto de la ignorancia, como no es el caso, es premeditado y eso tiene un nombre.

Los que amparados en la Constitución en vez de construir estado se dedicaron a construir nación utilizando todo lo que han podido para desatarse después y decir que en nada se sienten identificados ni representados en la habitual manera grandilocuente del teatro nacionalista, llamando a la desobediencia desde las instituciones, magnífica demostración de coherencia y del uso partidista e interesado de aquello que les puede beneficiar despreciando por antidemocrático aquello no es más que cumplir la legalidad aceptada por todos. Astucia lo llama su jefe pero también tiene otro nombre.

Los del dogma de fe. Lo inamovible de una herramienta que, por cierto, no votaron y ahora sacralizan para usarla como arma contra la evolución de los tiempos, puertas al campo. Y cómo se les llena la boca hablando de ella cuando no hace tanto escribieron diatribas acusándola de iniciar el camino de la sovietización de España. Eso también tiene otro nombre.

Y, por último. Vuelvo sobre los que contribuyeron a poner en marcha nuestro actual marco de convivencia. Me parece repugnante por parte de los del régimen, los de la nación y los dogmáticos su actitud insultante frente a, por ejemplo, Jordi Solé Tura… Y sólo haré un comentario, en él personalizo a todos aquellos que lo hicieron posible, ciudadanos y ciudadanas, entidades vecinales, asociaciones de barrio, presos políticos, militantes en la clandestinidad ( ahora es muy fácil) periodistas, escritores, cineastas, artistas e intelectuales en general, profesores y profesoras de la universidad… Parece ser que el mismo universo que impuso el régimen del 39… Impresentable.

Pero las ruedas e la historia no se detienen y la Constitución puede y debe ser reformada. La sociedad es un organismo vivo que evoluciona y lo que la regula no puede permanecer estático. Y más que reescribir un papel se trata de recuperar la idea de progreso, de avanzar en la línea de que el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas es lo único importante y que el papel de la política es conseguirlo. Bienvenida sean las reformas necesarias, tan sencillo como mantener aquello que funcione y reformemos aquello que hace 37 años fue necesario poner y hoy hemos superado.

Lo dicho, yo no la voté ¿y qué?