SOCIALISTAS (1): JEAN JAURÈS

 

4_jean_jauresEl 31 de julio de 1914 fue asesinado en el café Le croissant de la calle Montmatre el dirigente socialista francés Jean Jaurès a manos de Raoul Villain, un ultranacionalista francés que fue detenido y condenado y absuelto después del armisticio en 1919 porque los jueces sentenciaron que «Si el adversario de la guerra Jean Jaurès hubiera tenido éxito, Francia no habría podido ganar la guerra». Razón de estado que incluso obligó a a la familia Jaurès a pagar los costos del proceso.

Jean Jaurès nació en Castres en 1859. Precedido dentro del socialismo por Proudhon y Blanqui toma la herencia de la Comuna de París de 1871 y de la Revolución de 1789. Republicano convencido ve en esta la encarnación de los ideales sociales llehgando a ser diputado entre 1885 y 1889 cuando fue derrotado en su departamento por el marqués de Solages. Su paso al socialismo, del cual era un estudioso, se produce al contemplar la brutal represión que la Tercera República ejerce sobre los mineros de Carmaux, cuyo dueño era el nombrado marqués, en huelga. Esto unido al escándalo de Panamá, corrupción en torno a la construcción del canal, convence a Jaurés de que la República ha caído en manos de intereses oligárquicos y financieros. Finalmente el marqués abandona su escaño y los mineros escogen a Jaurés.

Sin embargo encuentra dificultades dentro del socialismo ya que su pensamiento difiere del de los dirigentes del socialismo francés, en concreto Jules Guesde, vinculado al obrerismo y contrario  a cualquier alianza con otras corrientes, especialmente los republicanos (muy en la línea de Pablo Iglesias y el socialismo español) Jaurés estará siempre abierto a posibles alianzas con otros movimientos de izquierda, incluso anarquistas (tuvo relación con Anselmo Lorenzo, incluso los escritos de Jaurés entran en España via libertaria y no marxista)

Jaurès se involucró en el caso Dreyfus a favor de este ya que el socialismo debiá combatir cualquier clase de injusticia mientras Guesdes decía que había que inhibirse ya que era un tema entre burgueses capitalistas. De esta manera Jaurès está marcando la línea de socialismo humanista y empieza a proponer que es necesario unificar las fuerzas del socialismo dividido en corrientes, la suya propia, la de Guesde, la de Lafargue, y la de Vaillant. Para ello utilizó las páginas de l’Humanité, periódico que fundó en 1904. En 1905 se funda el PSU (Partido Socialista Unificado) que un año después obtuvo 51 diputados.

El último gran debate en el que participa Jaurés fue sobre la más que probable la inminente guerra que se avecinaba sobre Europa. El socialismo se divide entre los que se oponen abiertamente a la guerra desde el internacionalismo y los que se dejan arrastrar por el nacionalismo imperante. Jean Jaurès se alinea con los primeros y comienza una campaña por la paz a raíz del asesinato de Sarajevo, abogando por la huelga general si se llega a la declara. Para los ultranacionalistas esa campaña era la de un traidor enemigo de la patria.

Su asesinato el 31 de julio abre las puertas a un gobierno de concentración con el PSU incluido obteniendo así el apoyo para la guerra y al que Jaurés se hubiera opuesto.

Uno de los grandes pensadores socialistas que merece ser estudiado

 

 

La Primera Guerra Mundial

1Hoy hace exactamente cien años que comenzó la Primera Guerra Mundial, un mes después de que se produjera el asesinato del archiduque de Austria Francisco Fernando y su esposa. Durante un mes las cancillerías europeas se movieron ante el ultimátum de Austria a Serbia para que entregara a los culpables. Finalmente en tal día como hoy de 1914 llegó la declaración de guerra que desencadenaría el mayor conflicto de la historia hasta ese momento.

La Primera Guerra Mundial es una gran desconocida, fundamentalmente por que hubo una Segunda mucho más mundial, mucho más documentada (los medios audiovisuales estaban muy desarrollados) y sobre todo, mucho más “peliculera”, si se me permite la expresión. Sin embargo, la significación y resultados del conflicto que tuvo lugar entre 1914 y 1918 fueron a la corta y a la larga de una profundidad que va más allá de lo puramente militar. Una guerra salvaje sin parangón donde se pone de manifiesto toda la capacidad destructiva del ser humano (bombardeo de poblaciones, gases venenosos, ofensivas imposibles con más de 100.000 muertos en una mañana,…) Y que también pareció colmar, por un tiempo, ese afán bélico: las secuelas entre combatientes y no combatientes fueron terribles.

Y cuando digo más allá de lo militar me refiero a que fue el fin de un siglo y una era. El gran Erick Hobsbawm, maestro de historiadores, afirmaba que el siglo XIX era un siglo largo, había comenzado en 1789 con la Revolución Francesa y terminado en 1914 con la Primera Guerra Mundial. El tiempo en que la burguesía se había hecho con el poder, impuesto su modelo político, social y cultural y había terminado destruyéndolo en las trincheras de Verdún y el Somne y en las aguas del Atlántico. Se podrá decir que esa guerra no significó el final del poder burgués, que la burguesía y su modelo continúan. Efectivamente, pero aquel conflicto lo transformó de manera radical.

El sistema burgués estaba basado en la razón, en la lógica ilustrada, incluso en la infalibilidad del método cartesiano, en resumen todo se podía razonar sosteniéndose en unos principios humanistas irrenunciables. Hasta aquí correcto, sin embargo 1914 da al traste con ese sistema que es incapaz de impedir un conflicto como el que aconteció lanzándose a la más terrible de las irracionalidades y convirtiendo en lógicas cosas que antes y hoy no resultan absurdas, incluso aberrantes (como puso de manifiesto el mundo del arte a través de DADA). Fue el fin de la razón como garante del sistema. Y no sólo eso, el descreimiento en la política que abonará el nacimiento y desarrollo del fascismo y el nazismo, masas embrutecidas que han perdido la confianza en el sistema, y son abandonadas por él y que buscarán desesperadamente algo que les de personalidad, aunque sea como masa. Las consecuencias de esto son parte de otro comentario aunque todos las conocemos.

La política no será la misma al acabar la guerra, democracias debilitadas en su credibilidad, imperios disgregados y Europa que pierde su hegemonía mundial en beneficio de Estados Unidos y que ve como en el este se ha producido en 1917 el establecimiento del primer régimen comunista de la historia. Y el embrión de lo que iba a ser la gran crisis del capitalismo hasta la fecha, el “crak” de 1929 motivado entre otras causas por la interconexión de las economías a través de los créditos norteamericanos, la dedicación casi exclusiva de la industria a la guerra y el desigual aumento del consumo, suspensión de pagos de Alemania mientras se vivían los “happy twenties” en USA. Y, por si fuera poco, el golpe que supone para el otro gran movimiento de la época, el socialismo,  las posturas ante la guerra, desde el pacifismo antibelicista ejemplificado en el francés Jean Jaurés que le termina costando la vida a manos de un fanático nacionalista, hasta el voto de los créditos de guerra por el SPD alemán que antepone la defensa de la patria. La Segunda Internacional queda tocada de muerte y habrá que reiniciar la reconstrucción no sólo frente al descrédito igual que le sucede a la democracia burguesa, sino también al comunismo leninista que saca a Rusia de la guerra en cuanto accede al poder.

Fin de un modelo, crisis de la cultura, de las ideologías, debilitamiento del liberalismo, aparición del fascismo, crisis del capitalismo, aparición del comunismo estatal,… En fin un hecho cuyas consecuencias aún son visibles no sólo físicamente (me impresionó mucho ver en Brujas las estelas con los caídos de la ciudad en el conflicto) sino también en el imaginario europeo y por supuesto en nuestro desarrollo político.

Terminaré con una frase pronunciado por Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña la noche en que Alemania y Gran Bretaña entraron en guerra, el 4 de agosto, “Las lámparas se apagan en toda Europa. No volveremos a verla encendidas antes de morir”

 

Taifas

Reinos-de-Taifas Al hilo de una reflexión del amigo y compañero Xavier María en su blog que recomiendo vivamente (http://fxaviermarin.blogspot.com.es/2014/07/la-revolucion-democratica-silenciosa.html)  quiero hacer una aportación que no tiene nombres ni apellidos. Es una reflexión personal sobre los aciertos y contradicciones de determinas decisiones. La historia está para eso, para analizar la situación presente y proyectar hacia futuro.

La ideología sólo tiene razón de ser cuando las personas la ponen en práctica y aquí es cuando viene el problema. Ni la ideología es garantía de acertar siempre ni las personas garantizan una aplicación coherente de la ideología. Entre otras cosas porque el paso de la teoría a la práctica siempre es complicado, esto no es física, ni matemáticas, estamos hablando de seres humanos con sus fortalezas y debilidades, sus criterios y, por lo tanto, su propia estrategia que es el plan para aplicar aquello que consideramos fundamental. Hay estrategias para gobernar, para conseguir el poder, para mantenerlo y sólo se demuestran buenas cuando se consigue el resultado para el que fueron ideadas. Y, por si fuera poco, generan efectos nocivos y contradictorios. Está claro que últimamente las estrategias no están funcionando y la única manera de corregirlas es conservando lo bueno y eliminando lo que sobra.

¿Dónde está la cuestión? El otro día hablé del lenguaje (Lenguaje e izquierda) y otro de dejarnos arrastrar a reyertas en terrenos donde no hemos de estar porque quieren liquidarnos(La casta) y también de mantenernos a la defensiva (El Álamo) . Quizás es que no hay estrategia. Hay opiniones para todos los gustos. Yo comentaré una aspecto que es una de esas estrategias fallidas, que pudo parecer buena idea en su momento pero que entiendo que no ha resultado como se esperaba produciendo el fenómeno “taifa” (los 39 pequeños reinos en que se dividió el califato de Córdoba debilitando el poder musulmán y que incluso se enfrentaron entre ellos)

Me refiero al hecho de vincular estrechamente nuestros cargos institucionales al territorio. El PSC es un partido municipalista, lo hemos repetido hasta la saciedad, fundamentalmente porque sabemos más que nadie que el barrio, junto con el lugar de trabajo, es donde se desarrolla la vida de las personas y donde se generan los problemas de la vida cotidiana y donde se resuelven, sin olvidar el valor ideológico que tiene para nosotros el espacio público. Pero no olvidemos tampoco que también queremos gobernar la Generalitat y el estado español. La última opción ha sido que nuestros alcaldes fueran diputados, el poder municipal en el legislativo, un intento de exportar los buenos resultados de algunos en territorios determinados como si se pudiese repetir el modelo. Vuelvo a insistir que no se trata de dar nombres cuya valía como alcaldes no discuto, me refiero a la fórmula y a la imagen de acumulación de cargos hacia adentro y hacia afuera y al peligro “taifa” .  Peligro que proviene de que ante la situación del partido, cada uno intente asegurar su territorio como prioridad, algo comprensible por otra parte. Simplemente pongo en duda la táctica. La política puede llevar a desempeñar diferentes actividades, lo que discuto es que se desarrollen todas a la vez. Dedicación única i concienzuda a lo que toca en cada momento, faena iniciada y terminada. Es más ¿tenemos que recuperar la teoría de las élites? Han pasado 150 años desde que hablamos de Socialismo, las élites ya no son la minoría necesaria, hay mucha élite, mucha gente formada y que quiere aportar, y quizás la estrategia, viendo la mala dirección de la anterior, sea dedicación exclusiva de los más idóneos a tareas determinadas, alcaldes, concejales, diputados, senadores, miembros de ejecutivas, lo mismo que los cargos intermedios.

Repito que no es más que una reflexión  que creo necesaria y que pongo sobre el tapete.  No tengo la fórmula mágica, simplemente la voluntad de llevar al PSC al lugar que debe ocupar, en nuestros pueblos y ciudades, en Cataluña y en España…. Y, como soy internacionalista, Europa y el mundo entero.

El Álamo

El_Alamo-389138592-large Conocida es mi afición al cine y titulo este artículo con un clásico, “El Álamo”, la historia del asedio de la misión donde los tejanos resistieron el avance del ejército mejicano de Santa Ana.

Pero no se trata de hablar de cine sino del PSC del que hace tiempo no escribía.

Es evidente que la situación no es la mejor, eufemismo para decir que es mala o muy mala. Un bajón electoral en las europeas, un primer secretario dimitido, una protocandidadata que da la espantada, un bombero que improvisa sobre la marcha en el borde del abismo… Y esto es lo que hay, no vale la pena lamentarse sino afrontar lo que hay y lo que viene: 11S, 9N, elecciones municipales y unas hipotéticas autonómicas. Pero esto es un partido político con una base ideológica de más de 150 años que ha contribuido a la convivencia como ninguno y que ha hecho de la capital de Catalunya y los lugares en los que está y ha estado lo que es, Una ideología y una obra que los otros se empeñan en liquidar, incluso me temo que piensan que ya lo han hecho.

¿Qué podemos hacer? Evidentemente espero que el futuro Primer Secretario sepa lo que se trae entre manos y como revertir la situación, pero como todo el mundo opina yo también quiero decir la mía.

La sensación que tengo es que llevamos un tiempo resistiendo, por eso lo de “El Álamo”, resistencia en Nou Barris, resistencia en Hospitalet, resistencia en el Baix, en el Vallès, resistencia, resistencia, resistencia… Y eso es señal de estar a la defensiva, y puede quedar muy heróico (ese maldito romanticismo de las derrotas y las retiradas) pero es poco efectivo si al mismo tiempo no se está preparando algo y no parece. Fuimos un gran ejército, teníamos divisiones, carros de combate, artillería, ahora ya no. No podemos permitirnos una ofensiva en toda regla. Pero algo hay que hacer y continuando con la terminología militar la única oportunidad que tenemos es seguir resistiendo y actuar con guerra de guerrillas: golpear, escapar, golpear, escapar… Hasta conseguir aliviar la presión sobre las últimas posiciones.

¿Y esto que significa en términos políticos? En primer lugar es un método para conseguir un fin, no para sobrevivir, y no es otro que la victoria.  Aprovechamiento máximo de los recursos humanos y eso pasa porque una misma persona no puede ser de todo, en la guerrilla, cada uno ha de ser un especialista, hacer lo que mejor sepa hacer, con capacidad de improvisar para lograr el fin. Y en este momento, no nos engañemos, pasa por núcleos pequeños de militantes activos que tienen la voluntad de hacer cosas. A partir de aquí, en términos de guerrilla, hay que buscar el lugar favorable que son aquellos núcleos en los que ganamos o tenemos presencia y allí hay que  fidelizar el terreno (no podemos perder un voto más) conocer el medio más que nadie (particulares, entidades, asociaciones, movimientos, plataformas, problemáticas de barrio) establecer lazos cada vez más amplios con la población haciendo más grandes las bases de apoyo. El barrio es nuestro habitat y la sección nuestro yunque sobre el que hay que golpear una y otra vez.

En resumidas cuentas, estamos hablando del único trabajo que sabemos y podemos hacer: fidelizar uno a uno al votante intercambiando su apoyo por servicios políticos y para eso es necesario, y volvemos a la terminología guerrillera, movilidad constante, ya no podemos permitirnos ni un segundo más de quietismo político. En segundo lugar vigilancia constante, toda variación de la situación, todo hecho coyuntural puede ser una oportunidad pero también una amenaza (el enemigo nunca descansa) y eso lleva al tercer elemento aunque suene mal, desconfianza constante, y, ojo, no en el compañero, sino en el adversario y en la situación preveyendo que las cosas pueden cambiar en cualquier momento.

Frente a la superioridad que hoy tienen nuestros adversarios políticos hay que lograr primero una superioridad relativa en lugares que afiancen nuestra posición para comenzar a crecer incorporando personas al proyecto socialista. Cada una de ellas será una victoria y un activo más. Y esto no es labor de unos pocos (ejecutiva o consellers) es labor de todos los recursos humanos si queremos hacer frente a lo que viene. No se puede permitir que algunos miren con diatribas internas y juegos de poder, bastante tiempo tendremos, desgraciadamente, si volvemos a ser lo que fuimos, aunque también soy de los que piensan que sólo tenemos una bala, y que si volvemos y la desperdiciamos, nadie nos dará una nueva oportunidad. Por lo tanto hay que hacer una reflexión sobre quien debe afrontar esta lucha. Porque no olvidemos lo que somos, un partido político, y aunque suene a rancio (me importa un pito, ver mi artículo sobre el lenguaje del 3 de julio) somos la vanguardia política que tiene un mandato (gobernando o en la oposición) que hay que cumplir y que de ser así atraerá más confianza en el proyecto. Un error táctico hunde a la guerrilla, el político también.

Sólo así conseguiremos forma de nuevo una mayoría social de izquierdas que se sienta representada por el PSC y hay mucho trabajo y poco tiempo por delante, pero nada es imposible, ya hemos demostrado capacidad de sufrimiento y hemos soltado lastre ahora reorganicemos rápidamente las bases, activemos y formemos a la militancia que está deseando hacer algo por su partido y el que esté a la espera se incorporará si ve resultados (un mal ejemplo pero necesario)

Vuelvo a “El Álamo”. Si nos quedamos ahí todos sabemos como terminó aquella historia. Por ahora aguantamos pero hagamos algo más. Si no se hace nada sucederá. Y como decía el guerrillero más famoso de todos los tiempos “Hasta la victoria, siempre”

 

Lenguaje e izquierda

idioma-lengua-letras-y-palabrasVoy a escribir sobre un tema que no es nada baladí y que ya propuse en mi último escrito sobre “La casta”: el lenguaje.

Y no se trata de gramática ni fonética, sino de cómo el lenguaje es el responsable de las representaciones colectivas y como se ejerce la hegemonía cultural y, por lo tanto, ideológica, desde algo tan “inocente” como el vocabulario. Y la cosa viene de antiguo. Muchos filósofos se ocuparon del lenguaje y su realidad. Los universales, las ideas abstractas,… En resumen de como los conceptos generalizan anulando lo particular. El más radical de todos, Nietzsche decía que el lenguaje es un conjunto de sonidos que nada tienen que ver con la realidad y describe de manera global liquidando las diferencias y por lo tanto incapaz de describir la verdad, el relativismo al poder.

Después de esta pequeña introducción filosófica que daría para mucho más me centraré en el asunto de las representaciones colectivas o dicho más directamente de como la derecha va ganando el combate de las palabras (y digo va ganando porque como Marx pienso que el ser humano todo lo puede y que nos reharemos dando la batalla, no sé si final pero la daremos)

Comenzaré invirtiendo el orden de factores, la izquierda va perdiendo el combate de las palabras y mi diagnóstico es que simplemente ha abandonado su propio lenguaje. Represente la realidad o no (Nietzsche dixit) una ideología que pretende ser hegemónica ha de utilizar su propia terminología, que sea capaz de explicar el mundo y no caer en el imaginario del contrario que no hace otra cosa que explicar y “hegemonizar” el suyo. Y esto es lo que hemos hecho, usar el lenguaje del adversario en una reducción al absurdo de tal manera que no sólo no distinguimos entre uno y otro sino que nadie nos distingue, da igual que el que hable sea de derechas o de izquierda porque al final todo se reduce a la misma palabra, y, aunque se matice, no deja de ser percibido como un cambio cosmético. Víctor Klemperer, un escritor y filólogo alemán explicó que los alemanes hicieron propio el lenguaje de los nazis a través de expresiones acríticas utilizadas en la vida cotidiana y no repitiendo discursos del Fhürer.

Vamos con ejemplos de esta cotidianidad que nos priva del relato de izquierdas y que fortalece a la derecha. “Es de sentido común” expresión repetida como mantra totalmente desprovista, aparentemente, de ideología, aquí ya no se hacen las cosas por una determinada adscripción política sino que sólo hay una manera fundamentada en el dogma de la razón. Unas emparentada con lo de “casta”, “privilegios”. Término medieval que sustituye a “derechos” ganados y negociados. Los funcionarios tienen privilegios, los maestros tiene privilegios y los médicos también. Conclusión, pequeñas castas (y este término azuzado por la derecha) que reciben estos privilegios gracias a los grandes conseguidores de estos, los sindicatos. Sigamos. “Libertad” igualado a “seguridad” (desde el 11S). Los sueldos no bajan, “remontan suavemente”. “Regularización de activos ocultos”, amnistía fiscal. Por ir más allá “políticas como Dios manda”, toma dogma indiscutible. “Tercera vía” como si fuera  una alternativa a las dos grandes “religiones” del momento, el federalismo, que es como se llama, no es una vía alternativa  y secundaria, es una realidad igual de potente o más que las otras. Las becas se reducen porque generan parasitismo, esos vagos estudiantes venidos del lumpen que osan echarse en los prados universitarios. “Inversión en infraestructuras”, “gasto en educación” “gasto sanitario” ¿está clara la diferencia? “Sanidad gratuita” aunque la paguemos entre todos cada mes. “La confianza de los mercados”, expresión sin comentario…  Incluso fenómenos como la de la instalación y desinstalación rápida de términos, ¿dónde está la “prima de riesgo” que marcó nuestra vida”? Este es su terreno y el imaginario instalado que ha conseguido imponer la idea de derroche (España en la época de mayor gasto sanitario dedicaba el 16% del PIB y en dependencia el 0’6%) y de grupos privilegiados (siempre de las clases populares) auspiciados por sindicatos. Por no hablar de la demonización de parados incluso de amas de casa y amos de casa (un millón nada menos) que se apuntan al paro para cobrar un subsidio.

Y terminaré de forma clásica. Nos da vergüenza usar nuestro lenguaje porque resulta “rancio”. Esta expresión usada por la derecha es lanzada de forma despectiva al mismo tiempo que se apropian de los hitos de la lucha por los derechos. La revolución francesa fue suya, las cortes de Cádiz, cualquier hecho en el que puedan apuntarse algo (con lo que no tienen nada que ver)

Pues bien, Marx es rancio, Adam Smith no. El socialismo es rancio, el capitalismo no. “Clase social” es rancio, “familia” (la suya, claro) no. “Ideología” es rancio, “pensamiento liberal”, no. Y así podríamos seguir. Y luego cosas tan curiosas como que todos los de izquierda somos responsables de Corea del Norte, en cambio el capitalismo no es responsable de la pobreza infantil ni del drama de Lampedusa.

En una entrevista un exministro de Thacher (una de las que dijo que las clases sociales no existían, sólo había individuos y familias extigmatizando con el fundamental apoyo del laborismo a las clases populares) al ser preguntado sobre el desuso del término clase social dijo que no era así, que las clases sociales existían, es más, que la lucha de clases existía y que, además, la habían ganado.

Y el próximo día hablaremos de “El Álamo”